viernes, 31 de diciembre de 2010

Eufemismos eran los de antes...



Ya se ha ido el tiempo de justificar el precio de un cubierto en día festivo con un menú impreso en una tipografía ilegible, preferentemente con italics, e incluyendo varios adjetivos en las opciones, del tipo "suave lecho de legumbres frescas" o "sedosa crema de arándanos licuados al escabeche".

No.

Ahora la cosa es: si sos un grandulón, el precio que te cobro por pasar la noche junto a vos y los tuyos (y no en cueros en casa clavándome un totín con hielo) es un violeta. Si sos chiquito, un gris. Y lo que hay para comer es lo que hay para comer, fijate ahí en el menú, fiera.

Qué joder, carajo.

¿Agua con gas o sin gas?

Que tengan (tengamos) todos un feliz año.

martes, 28 de diciembre de 2010

Ain't it sweet?



De izquierda a derecha:

Papá
Mamá
Nene
Nena
Pajarito

Díganme: ¿a quién le interesa?

viernes, 24 de diciembre de 2010

Extremos coincidentes




Seal y Heidi Klum, como se sabe, son hasta ahora marido y mujer.

Este single es del último CD del inglés, se llama "Secret", es una canción un poco tontuela de tipo enamorado, que es lo que parece verse en el clip donde aparecen ambos, pero está OK. El CD es recomendable, se llama "Seal 6: Commitment". Compromiso. Parece tener serias intenciones este muchacho. Por lo pronto ya tuvieron no menos de 3 hijos, que seguramente deben lucir muy interesantes teniendo en cuenta tanto contraste pigmentario.

Enjoy, y esperemos que en estas fiestas estemos todos mimosos/as como estos dos.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Friendly Fire la leyenda continúa...



Publicidad aparecida en la revista Rolling Stone, edición argentina, diciembre de 2010.

No me jodan...

(post dedicado a mí y a otros viejitos decrépitos y pasados de moda, como algunos de los que figuran en la lista de ahí a la derecha).

sábado, 18 de diciembre de 2010

Un redactor ahí... (para que me devuelva la guita)

Esto me pasa por viajar poco en taxi. Perdón por la obviedad.

jueves, 16 de diciembre de 2010

That old white magic




Con sólo 1,85m de estatura y casi 82 kilos de peso, el rubio ese de la foto, Steve Kerr, en ese momento el 25 de los Chicago Bulls, se las arregló para hacer historia en el básquet de la NBA y del mundo.

Esa foto marca el momento exacto en que contra todos los pronósticos, en el partido 6 al mejor de 7 y definitorio, Steve Kerr y no Michael Jordan, su compañero y la estrella del equipo, y además el mejor jugador de básquet de todos los tiempos, definió el partido contra los Utah Jazz en las finales de 1997.

En el video de abajo se ven varias cosas simpáticas, para quien no entiende los parlamentos: Kerr dice que Michael Jordan, candidato natural a tomar cualquier tiro del final, decidió no hacerlo porque en el partido anterior de la serie le robaron la pelota y terminaron perdiéndolo... Entonces, lo que se ve en el minuto pedido por Chicago es que Jordan le dice a Kerr que "esté listo", y Kerr le responde "voy a estar listo". Y caramba si lo estaba.

En la jugada subsiguiente, luego de sacarse magistralmente de encima no a uno sino a dos marcadores, y con escasos segundos en el reloj para que termine el partido, Jordan queda frente al cesto, en pleno salto y a escasa distancia, perfecto para convertir: 99 de cada 100 jugadores, y más si se llaman Michael Jordan, habrían tomado ese tiro. Él no, y por eso es quien es. Sorprevisamente le baja la pelota a Kerr, quien muy tranquilo parado en la línea de tiros libres, mete el tiro y gana el partido. Y la serie. Y el campeonato.

La chicana del final, tomada durante el festejo oficial del campeonato por parte de los Bulls, consiste en Kerr gastándolo a Jordan porque en el minuto pedido le atribuye haberle dicho a su entrenador Phil Jackson (otro que ganó todo, inclusive hasta el día de hoy) que "no se siente confortable" tomando el último tiro. Luego del comentario de dudosa veracidad y la carcajada general, Kerr termina diciendo que en ese momento pensó: "Uf, otra vez voy a tener que sacar a Michael de un problema..." Más carcajadas.





Time out. Paso en el tiempo.




Unos años más tarde, 2003 para ser precisos, y siempre con el 25 en la camiseta, Steve Kerr, quien durante muchos años tuvo el honor de ser el tirador de triples con más efectividad en la historia de la NBA, tenía algunos cartuchos en el bolso, esta vez jugando para los San Antonio Spurs.

En las finales de conferencia contra los Dallas Mavericks, también en el 6to. partido, los Spurs, donde ya jugaba Manu Ginóbili, la estaban pasando muy mal sobre el final del 3er. cuarto. Kerr ya era un veterano, tenía unos 37 años y en toda la serie no había jugado 1 (un) partido. Ni uno. Luego de convertir un triple sobre el final del 3er. cuarto que mantuvo a buena distancia a su equipo, entró faltando unos 2 minutos para el final del partido y convirtió no uno sino tres triples seguidos, dando un golpe fatal en el marcador y en el ánimo a sus rivales: los Spurs pasaron de perder por pocos puntos a ganar por casi una decena. Con esa remontada, que los Spurs consiguieron mantener gracias a su famosa y crudísima defensa, el equipo ganó la serie y en la final de liga pasó por encima de los New Jersey Nets, consagrándose campeón de la NBA.

En el video se ve la secuencia, si miran el reloj que está en el ángulo inferior derecho verán que la seguidilla se produjo casi en jugadas sucesivas y con el tipo tirando la pelota apenas le llegaba a las manos.

Disculpen a los chinos que aúllan, pero es el mejor y más compacto compilado que encontré.



Salvando los años luz que me separan de Kerr, yo también soy un tirador cuando juego al básquet, y siempre admiré a gente como Kerr o a Reggie Miller, otro histórico a quien tuve el privilegio de ver jugar en vivo a pocos metros de mi asiento hace unos años durante un viaje a USA.

Todo esto surgió porque hace poco, tirando al cesto con uno de mis hijos en el club, le dije "cuando tirás no tenés que pensar, y casi seguro que el tiro entra", y le causó mucha gracia. Kerr, Miller (ambos retirados a esta altura) y unos pocos privilegiados más se ausentan por unas décimas de segundo del universo y simplemente lanzan la pelota que irá, como hacen los arqueros zen con sus flechas, exactamente al lugar donde ellos quieren que vaya, que en este caso es dentro del cesto.

Es lo más parecido a la perfección que he visto dentro del deporte. Más que un tiro libre de Román, mirá lo que te digo...

domingo, 12 de diciembre de 2010

Obscene



La foto de arriba fue tomada en mi barrio, hace un par de días, por mí.

El auto de la foto es un modelo muy nuevo de una conocida marca alemana, dos puertas, un roadster con todas las letras.

Como se aprecia, estaba estacionado en un día laborable en horario diurno de trabajo, en una de las dársenas de carga, diseñadas para camiones, de una fábrica de productos alimenticios del barrio de Núñez.

A la gente esa le va muy bien: sus productos están en todos lados, y los camiones entran y salen todos los días, inclusive en horas nocturnas, tienen una actividad febril, y parecen cumplir con todas las normas que hay que cumplir: todos sabemos que este tipo de negocios "ensucian" un barrio, crean peligro de contaminaciones varias, pero por lo que se ve, llevan adelante todo con una pulcritud ejemplar. Sus productos, los he probado, tienen una calidad más que razonable.

Todo muy lindo.

Salvo por el hecho de que el propietario de ese automóvil, posiblemente uno de los dueños de esa fábrica, desentone con tanta coherencia y corrección, y esté meando fuera del tarro, pero mal.

Aclaremos: no me "opongo" a que quien tenga éxito en la vida o en los negocios, o inclusive alguien a quien el dinero le llovió de arriba y nunca pensó ni piense en laburar, se lo gaste como quiera en lo que quiera. No puedo tener esos pruritos ridículos a esta altura de mi vida, ¿no?

Lo que me parece una cachetada en la jeta es ese show off flagrante de desigualdad, de refregarle a los operarios de ese lugar, que quizás no ganen tan mal, que eso que ven ahí es la suma de los salarios de 2 ó 3 vidas como las suyas. Me cago en el riesgo del capital, la plusvalía, o inclusive en la descarada desigualdad en el reparto de la torta. No soy economista y tampoco político.

Ojalá que al dueño de ese automóvil no le pase nunca nada malo que motive que su pulcra esposa (si es que la tiene) salga ante las cámaras a pedir "justicia". El mundo está tan conectado hoy que a ningún hijo de puta o persona necesitada en estado de desesperación (a veces esos conceptos van juntos, lamentablemente) le cuesta nada averiguar un par de cosas, hacer un par de seguimientos, un par de llamados y ya, operativo armado.

Las leyes de la física todavía funcionan: en este planeta, si acercás demasiado la mano al fuego, lo más probable es que te quemes.

viernes, 10 de diciembre de 2010

A tono con los tiempos

Canción típicamente navideña, clásico de todos los tiempos, ambas cosas del lado de allá arriba, detalle que está más que claro ya con el título solamente.

Posiblemente mi cantante femenina favorita, después de la otra canadiense, y unos cuantos cuerpos por delante de otra canadiense.

Enjoy.


martes, 23 de noviembre de 2010

Dedicado a vos, pero no estabas escuchando

Siempre es bueno algún Soft Machine. La psicodelia, pese a la creencia general, está mucho más cerca de la realidad que la realidad misma.

El de la guitarra (y compositor), el finado Hugh Hopper. En la voz, el eterno y mágico Robert Wyatt. ¿Cuánto tendremos que esperar para encontrar un cantante como él?

Famous parabolic versions
Songs that promise:
Beauty, sleep, love, sadness.
Do I dream that something's missing?
Hungry, thirsty, open off-peak mind
Give me the truth, give me the truth,
give me the truth, tell me...

Songs and verses,
Handy captions,
Photographs of
Real-life action, horror, madness.
Can it be that something's happening?
Wash me, paint me, but please don't taint me
Give me a chance, give me chance,
give me a chance...

When I was young, the sky was blue
And everyone knew what to do
But now it's gone, the telly's here
Mass media, the sewer too

Universal maximillion
Eight rare cases
Chickenpox and crawling gladness
Seemingly it's nothing happening
Cure my doctor
don't swallow him down
Give me the cure, give me the cure,
give me the cure...

The night was cool, the moon was bright,
The air was clear with oxygen
The stars were there, and in my eyes
Were thousands of chrysanthemums

Don't use magnets -
Geophysics carry you back
Wholesome, healthfood, homepride
Satisfied
Something outside gives out hunger
Face my mirror
Electricity...


Enjoy.



Quoi encore?



A pocos minutos de comenzado el show en La Trastienda, la morocha intentó hacer cantar al escasísimo público. El coro del estribillo de su hit "Elle panique", incluido en su reciente CD "Miss Météores", dice, "elle panique, elle panique", que viene a ser como que a ella le agarra el pánico. Pobre respuesta entre gente no demasiado afecta al pogo. Ceño fruncido de la morocha, que la rema y sigue adelante.

Minutos antes, en el nivel superior de la sala, una señora sesentona con mucho aspecto de argentina trataba de embaucar a una de las acomodadoras del lugar diciendo "perdí la entrada" (¿?) y "yo vine con el embajador". No hubo manera. Abajo a averiguar qué onda.

La presencia de unos cuantos francoparlantes en la sala no pasó inadvertida para la morocha, quien con aire resignado y conteniendo la cara de ojete, lanzó: "He hecho miles de kilómetros para encontrarme con un montón de franceses..." A veces costaba prestarle atención a sus palabras y a su canto, tan sexy ella con un vestido negro medio vaporoso, y con esos saltitos flamencoides a los que es tan afecta. Sin ser una mujer exuberante, a más de uno nos puso bastante nerviosos...

Más allá de los barquinazos, el show de Olivia Ruiz fue cortito, apenas una hora y cuarto, pero contundente. Detrás de ella venían los Pavement o no sé quién, y tenía que despejar el escenario. La banda tenía su formato acústico, que gracias a algunas triquiñuelas ocasionalmente sonaba grunge, una característica de esta francesa hija de franceses pero con ancestros españoles (su apellido real es Blanc, el Ruiz viene de una abuela), que se las arregló para enardecer a un público que evidentemente no tenía el entusiasmo de los que suele enfrentar en otros escenarios.

Las canciones de Olivia Ruiz pueden ser cualquier cosa: algo de cabaret, aires españoloides y arábigos, mariachi, rock and roll, punk, chanson francesa tradicional (cantó un hit de Edith Piaf), lo que venga. La chica no le hace asco a nada. Durante la breve performance cantó en francés, inglés y castellano. Su dominio de este último idioma es más que decente, salvo el clásico acento español (ay, esas "zetas"...).

Luego de un par de arengas y con amenazas de que hasta que todos no levantaran los brazos ella no iba a comenzar a cantar su último bis ("J'traîne les pieds", uno de sus hits), se puso al público en el bolsillo, que al final rugía por más cuando sabía que no había tiempo. Un descolocado, o no tanto, le pidió el hit de Mano Negra "Mala vida" a lo que rápidamente replicó entonando los primeros versos a capella y disculpándose por no poder cantarlo entero porque su banda no sabía el tema. Lo mandó a bajarlo de internet: ella hizo un cover de esa canción en un compilado.

Lo que uno lamenta es que por falta de difusión de un par de nabos que encima pusieron plata, esta mina probablemente no vuelva en mucho tiempo. Tardó 4 años en venir de vuelta, dijo que esperaba no demorar tanto tiempo hasta la próxima pero lo dudo. Dijo que su reciente CD se había editado recientemente aquí: si lo compran 100 personas creo que es mucho...

Al igual que con cosas que vi en el Hot Festival el fin de semana, hay gente local que podría hacer una carrera entera con 4 ideas que puede sacar de artistas como Olivia Ruiz. Pero la vida sigue y es lo que hay.

viernes, 19 de noviembre de 2010

Pregunta ¿retórica?



Algunas chicas de Belgrano (no todas, me consta) están decididas a pasar a la acción... o a la inacción, según se lo mire.

martes, 16 de noviembre de 2010

Sólo por un momento

Sí, sólo por un momento, quizás un par de horas, el resto de la música producida en el planeta, en especial en este pedazo de tierra, me sonó como algo vulgar, falto de gusto, esencia, espíritu, sensibilidad y corazón.

En las desprolijas y borrosas fotos de abajo, Stuart Murdoch, micrófono en mano, iluminado por el seguidor, sintiendo el rhythm of the heat porteño, en un sector de la platea a escasos 7 metros del torpe fotógrafo.







Life is beautiful. Y todos perseguimos la vida, ¿no?

jueves, 4 de noviembre de 2010

Escribí sobre Amor




La vida nos sonríe, los Belle & Sebastian tienen CD nuevo, Write About Love, y este es el video nerd de la canción que abre el disco. Murdoch está hecho un zafado: baila con un estilo inigualable. En realidad, creo que nadie lo quiere igualar en ese campo.

Están el próximo lunes 15 de noviembre en el Luna Park, pero le tengo miedo al sonido...

Mientras tanto, enjoy.

martes, 2 de noviembre de 2010

Más cosas buenas para el alma




Este sí tiene texto. En la pila faltan "Ladies of the Canyon", que lo presté a alguien y no recuerdo a quién y ahora no puedo conseguirlo en ningún lado, y "Shine", que está en mi pila de discos actuales que están en heavy rotation en mi reproductor, entre otras cosas porque es más dificilongo que el resto de la obra de la Joni.

Esos CD's de la foto, al igual que los de XTC en el post anterior, suelen dormir en la casa de mi vieja, y fueron de las primeras cosas que metí en una caja cuando me mudé hace unos años de donde vivía entonces a donde vivo ahora. Viajan ida y vuelta a mi casa de a uno o dos por vez.

sábado, 30 de octubre de 2010

martes, 26 de octubre de 2010

Artículos de primera necesidad



Tarde soleada escuchándome mis pasos en ese tramo de Av. Libertador entre el 1000 y el 2000 donde la gente realmente sabe vivir.

Todo era tan lindo, el sol casi como que me daba en la cara pero de a ratos, el viento venía del Sur, ligeramente fresco, y el olor a verde de los parques de enfrente casi como que me hacía olvidar de los autos que pasaban a más de 70kph por allí.

Mientras avanzaba mirando las mesitas de un bar en una esquina, una Trafic se detiene súbitamente frente a una casa de esas de puertas de roble macizo, laca, herrajes de bronce lustrados laboriosamente por mano de obra usualmente sub-remunerada. Imponente. Acostumbrado a ver las camionetas de las cadenas de supermercados blancas y prístinas sin identificación para que no se las afanen los carenciados, asumí que sí, que los ricos también compran dulce de leche, o filtros para café, o desodorante Axe. Un morocho como yo pero bastante más joven y bastante más gordo, pelo crestita gelificado y un par de tatuajes en los brazos baja de la Trafic, se acerca presuroso a la puerta y toca el único timbre de una propiedad de dos plantas cuyas ventanas ostentaban cortinas de un valor que alcanzaría para alfombrar y pintar todo mi departamento.

Evidentemente el flaco ahora va a bajar los cajones blancos numerados 457, 34, 99, 126 y 77, Shésica...

Justo delante de mí, mientras yo pasaba, se produce el siguiente diálogo:


- ¿Sí?
- ¿Familia Quintana?
- Si, ¿qué desea?
- Vengo a entregarle dos esculturas...
- Ok, ya le abren.



I couldn't be more wrong...

Eso es nivel, cacho. Lo demás, pura postura.




-

domingo, 24 de octubre de 2010

Private gone public




El tipo estaba frente a mí en el tren, cada uno recostado sobre esos apoyaculos que tiene el ex FC Mitre en la línea que va a Tigre. Era verano, hacía calor, pero había aire acondicionado. Tenía algo más de 50 años y se notaba que era un tipo pulcro, pelo canoso medio largo tipo Checho Batista tirado hacia atrás, una remera polo de pique que era evidente se había puesto limpia esa mañana, estaba muy bien planchada. Los bermudas eran tipo cargo, llenos de bolsillos, y también lucían recién sacados del estante. Piernas peludas, sandalias franciscanas (y sí, nadie es perfecto), con los straps en su parte interna recubiertos de ese tejido sintético medio acolchado que suelen tener las mochilas para que no te dañen la piel. Odio las sandalias, me parecen sucias, nunca puedo ponerme ningún calzado sin medias, y obviamente las sandalias con medias son cosa de yanqui en vacaciones en Orlando.

La cuestión es que el viaje transcurría, el tipo lucía bañadito, todos (ok, casi todos) allí lucíamos más o menos igual, y la vida nos sonreía a todos, yendo mansitos hacia el centro, al gran quilombo. Pero nada dura para siempre: en un momento el tipo abre prolijamente su morral (al tono también, ese verdoso medio caqui que dominaba toda su ropa salvo sus sandalias marrones), y saca... un alicate.

Acto seguido, procede a cortarse las uñas, cuidadosamente y en orden riguroso de dedo, comenzando por la izquierda, la menos hábil y finalizando con la derecha. Clic, clic, clic, eran más o menos tres por dedo, uno al costado, uno al medio, otro al otro costado. Por ahí algún refilado en uña rebelde.

Puaj.

Yo pensé que en cualquier momento sacaba la crema anti-paspado y se la pasaba por la entrepierna, pero el tipo tenía aspecto deportivo, delgado y quizás no tenía esos problemas que tienen los gorditos. Yo miré alrededor a ver si encontraba alguna mirada de reprobación pero nada, todo el mundo sumido en contemplar los parques que pasaban displiscentes por las ventanillas.

A los pocos días, en el bondi, sentada a mi lado había una chica de no más de 25 años. No era exactamente hermosa, pero bien podría haber hecho una campaña de ropa cool y fashion donde se requieren modelos que tengan cara de insatisfacción existencial y algún mechón que el peluquero no pudo o no quiso dominar. La flaca estaba con su kit de make up en mano, el puff o como se llame cada tanto hacía un viaje por la pastillita. Eran como las 12 del mediodía y el bondi iba razonablemente lleno. Mejilla uno, mejilla dos, listo. Luego de guardar aparatosamente el accesorio, arremetió con un ojo, después el otro: ahora se metió con el eyeliner... y ni se inmutaba. Yo me la imaginaba desnuda acomodándose las tetitas bajo el camisoncito corto antes de irse a dormir, no por baboso (no por baboso, obviamente), sino porque este acto, al igual que el del morocho me parecían y me parecen totalmente fuera de lugar en un ámbito público.

Siempre me pareció inadecuado y hasta vergonzante el espejito que solía incluirse en la visera anti sol de los autos, en el lugar del acompañante. Los tiempos han cambiado y desde hace mucho también están en el del conductor, pero obviamente este sólo puede (o debería) ser usado antes o después del acto de manejar por la calle.

Esta gente estaba haciendo lo mismo, el tipo y la pendeja, que obviamente no necesitaba ningún maquillaje porque la frescura le brotaba de los poros.

Estaban haciendo chanchadas delante de mí.

Y yo las chanchadas las hago solito (a lo sumo acompañado) en mi casa.

lunes, 18 de octubre de 2010

Friendly Fire III

Seguimos con las brillantes ideas que ponen frente a nosotros los creativos publicitarios argentinos, esta vez no atribuibles a sus propias desproporciones o sustancias controladas que consumen al momento de concebir los mensaje brillantes que sus clientes compran.

Una empresa que se dedica a fabricar gaseosas, que no es la líder del mercado "premium", tiene un pomelo "adulto", no dulce, que es la ventaja diferencial y el núcleo del mensaje que ostentan. Habían hecho una campaña hace un tiempo que se llamaba "cortá con tanta dulzura", que con humor y mucha observación había tenido mensajes muy claros acerca de qué querían que su público entienda.

Ahora tienen un sitio en internet donde las "parejas" de seres humanos pueden escribir qué es lo que no soportan de su significant other. Interesante. Después hacen una campaña de vía pública, entre otras cosas. No pude obtener ninguna imagen de esos afiches, pero ahí va uno de los grandes mensajes que, reitero, no tienen que ver con el "creativo" sino con cierto patetismo de unos cuantos de mis congéneres.

Ella: "No me banco que me pregunte '¿cómo estuve?' y que no se banque mi respuesta".


Algo así, estoy citando por lo que recuerdo pero ése era el concepto, palabras más, palabras menos.

Yo pregunto: ¿a quién se le ocurre preguntar "¿cómo estuve?". Dejemos de lado el hecho de que por ahí debimos habernos dado cuenta, pero aun si no es así, ¿en qué papel quedamos? ¿Necesitamos que nos rankeen?
¿Que nos brifeen por mail? ¿Que nos califiquen en Féisbuc "a Shanina le gusta... etc."

Hombres eran los de antes.

Para atajarme ante quizás alguna fémina indignada que nos trata de insensibles: en mi opinión la pregunta no debería hacerse jamás, ni siquiera conceptualmente. Quizás el formato aceptable sería "¿te sentís bien?" pero eso suena demasiado a un chequeo de estado ante una posible hipotermia o algo por el estilo, por eso es mucho mejor acciones y no palabras, ¿verdat?

jueves, 14 de octubre de 2010

Friendly fire II



A ver, a ver, tanto que le pegan al marketing, y nos ha dado una alegría inconmensurable en estas últimas horas...

¿De qué otro modo se explica que una política de controles laxos y descuidados, una economía que se fija más en los resultados que en las personas, un régimen que cree a pie juntillas que "la inversión" es un bien supremo en sí mismo y que el "derrame" nos hará bien a todos, una camada de políticos de todos los signos que piensan que en realidad el medio ambiente y esas minucias no se comparan a estar dentro del Primer Mundo, etc., etc... digo, reitero, pregunto ¿cómo se explica que un fracaso como es haber tenido que rescatar de emergencia a 33 tipos a causa de estos errores anteriores se muestre ante el mundo como un éxito y un ejemplo a seguir?

Eso. Explíquenme que escucho. Leo, actually.

sábado, 9 de octubre de 2010

Imbéciles



Cuando estaba en primer año del Colegio, el primer cuento de literatura latinoamericana que leí fue "Día Domingo", que estaba en un libro pequeñito, con tapas como granuladas, llamado "Los Jefes". Mi profesor de Casteyano (no Casteshano), el Vasco Ilundain, que todavía sigue dando clases allí, nos lo hizo analizar y de paso me leí el resto de libro, que era compactito y fluido de leer. Me fascinó que alguien contara la historia de un pibe al que le cortan el pito así como así, etc. Y las tribulaciones de un adolescente con problemas, también. El autor era un tipo peruano, qué loco, yo ni idea de quién era Mario Vargas Llosa.

Yo hasta ese momento no había leído nada del llamado "boom latinoamericano" de los '60's, y quizás no habría entendido nada si lo hubiese hecho. Mi literatura pasaba (hasta ese momento) por los libros amarillos de la colección Robin Hood y algunas cosas de Stevenson y Wilde que mi viejo me hizo leer adrede para ir conformando algo parecido a un gusto literario. Tampoco es que era un intelectual, yo tampoco lo soy, pero leer me divierte.

Y Vargas Llosa me divertía. Y mucho. En épocas de la dictadura leer algo como "Pantaleón y las visitadoras" era prácticamente subversivo: la burla salvaje hacia la institución militar tan bien escrita me hacía sentir todo un revolucionario, pero antes ya había pasado por "La ciudad y los perros", que para mí fue todo un viaje. "Cuatro, dijo el Jaguar", es una de las pocas primeras frases de un libro que aun hoy recuerdo.

Vargas Llosa, más allá de sus ideas políticas (en esa época ya estaba dejando de ser zurdito), era y es un gran narrador, el tipo que te tenía agarrado de los ojos hasta terminar el libro o hasta avanzar como mínimo el doble de páginas que te habías propuesto leer.

Es verdad que últimamente parece un poco reblandecido y repetitivo: la novela de la miña mala, su último trabajo de ficción, es un tanto aburrida y hasta parece muy referencial de un libro del español Javier Marías, con un protagonista que se dedica a lo mismo, e historias con varias mujeres. Demasiado parecido.

No obstante lo dicho, antes de esta última novela siempre me fascinó encontrar algo de Vargas Llosa y disfrutarlo, como La Guerra del Fin del Mundo o La Fiesta del Chivo, el primer libro que me leí de la pantalla de una computadora sin imprimir, tan enganchado que estaba. O Conversación en la Catedral, libro que tuve que releer varias veces luego de mi adolescencia para ir encontrándole cada vez más atractivos.

Como consecuencia de lo anterior, me causa mucha risa ver a toda la progresía nacional prominente y a mucha gente de todo este ámbito blogger underground que lo ha ninguneado sin que le merezca un maldito comentario, presuntamente por su ideología política. Resulta claro que es difícil objetar a Vargas Llosa por sus méritos literarios, por lo cual pienso que la mano viene por ahí, que unos/as cuantos/as petisos/as mentales miran para otro lado y siguen viviendo en una nube de pedos.

Si fuera por esos imbéciles, el panteón no debería incluir a gente como Borges o Gide.

Y lo que nos estaríamos perdiendo, ¿no?

miércoles, 6 de octubre de 2010

Another piano man



Este tipo de arriba se llama Ben Folds, y anda en la ruta hace unos cuantos años. Típico cantante/autor cuyas armas más ostensibles son su piano y una energía especial. A veces se lo compara erróneamente con Elton John, pero calculo que será por la pelada incipiente y esos anteojos que no se saca nunca. Ben tiene más influencia de otro grande del piano, Joe Jackson, y de algunas bandas post punk (sí, posiblemente XTC), por la energía visceral al servicio de una buena canción. El viejo Randy Newman y Billy Joel también pueden nombrarse como inspiración.

La canción siguiente está en su segundo disco, "Whatever and Ever Amen" (1995), que es con el que se hizo famoso en USA, principalmente y al comienzo en ámbitos universitarios. Su obstinación en no usar guitarras y aun así sonar fuerte puede verse en esta canción, que mi hijo mayor recuerda con cariño, al igual que el disco entero, como algo que se la pasaba escuchando cuando era muy chico. Además del clima salvaje y lo ingenioso del video, el bajo con fuzz era una marca registrada del trío, que se llamaba, paradójicamente, Ben Folds Five.



Folds también tenía y tiene una fuerte influencia beatle, sobre todo en los climas melancólicos y delicadamente melódicos. Su "hit" mayor en USA (también en "Whatever and Ever Amen") se llama "Brick" y es la triste historia de los momentos en que una joven pareja decide interrumpir un embarazo. También con climas sombríos el tipo logra conmover, como se escucha en esta canción, de su CD ya en plan solista, "Songs for Silverman" (2005).



Más cerca en el tiempo, en 2010, y luego de un proyecto medio loco que implicó la grabación de canciones de toda su carrera por coros universitarios a capella, aparentemente una tradición allá en USA, recientemente hizo un trabajo en colaboración con Nick Hornby, el autor de novelas como "High Fidelity" y "About a boy", y muy relacionado con la música por su libro/canon "31 songs", de hace unos años. Hornby en el video de abajo aparece dando unas estadísticas curiosas, siempre con su mirada displiscente sobre la vida en general. Acompañan a Folds en esta canción un dúo que no conocía llamado Pomplamoose. El CD que salió recientemente a la venta se llama "Lonely Avenue" y tiene letras de Hornby musicalizadas por Folds.



Si se quiere investigar algo más en este camino, el baterista original de los Ben Folds Five, Darren Jessee, tiene un grupo llamado Hotel Lights que tiene una onda muy parecida a la de su ex agrupación, y es el clásico baterista "sensible" al estilo Dave Grohl, que no sólo puede aporrear los tambores sin piedad sino componer una bella y triste canción.

Ok, el post es largo, son tres videos, pero valen la pena para esta primavera incipiente.

Enjoy.

lunes, 4 de octubre de 2010

Algunas cosas claras

Yo hasta ahora no tenía idea de quién era Eric Hoffer.

Lucía más o menos así:



Buscando algún material sobre el disenso, encontré esta cita, que asumo como no apócrifa.

Una minoría disidente se siente libre sólo cuando puede imponer su voluntad a la mayoría: lo que más abomina es el disenso de la mayoría.

Hurgando (y sí, la fácil es la fácil) en la wiki, que dista de ser un medio confiable pero por lo menos sirve como disparador para una búsqueda seria, se menciona algunos conceptos vertidos por Hoffer en un libro (que ya estoy buscando) llamado "El verdadero creyente: pensamientos sobre la naturaleza de los movimientos de masas".

Esto es lo que se lee allí, en la wiki:


Hoffer fue uno de los primeros en reconocer la importancia central de la autoestima para el bienestar psicológico. Hoffer se centró en las consecuencias de la falta de autoestima. Preocupado por el auge de los gobiernos totalitarios, especialmente los de Adolf Hitler y Joseph Stalin, trató de encontrar las raíces de estos "manicomios" en la psicología humana. Postuló que el fanatismo y el sentimiento de superioridad (difícil traducir "self-righteousness", lo admito) se basan en el odio a si mísmo, la duda sobre sí y la inseguridad. Como se describe en "The True Believer", creía que una obsesión apasionada con el mundo exterior o con la vida privada de otras personas no es más que un intento cobarde para compensar la falta de sentido de la propia vida.


Posiblemente los radical chic lo desprecien, aparentemente así era el caso, obviamente los del otro lado lo atacaban por zurdito, y honestamente a esta altura no sé si está bien o está mal que me parezca interesante lo que escribía (vivió durante casi todo el siglo XX). El tipo quizás era fan de Los Angeles Lakers y aun así valía la pena, ¿quién lo sabe? Bueno, de hecho vivió casi toda su vida en San Francisco, por lo cual quizá su equipo eran los Golden State Warriors. No es una mala elección. También gustaba de trabajar con sus manos, lo hizo durante mucho tiempo, y no calificaba ni como freudiano ni como ninguna de las corrientes en boga de le época. Difícil de encasillar, el muy estúpido.

Voy en busca, entonces, de "The True Believer". A más de uno/una, todos incluidos, por supuesto, le va a venir bien darle una mirada.

Hoy no hay canción, pero estoy escuchando el último de los Doobies, "World Gone Crazy", y la rompe.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Middle of the Road




Hay una revista satírica nueva en el mercado, se llama Madriz, que se está haciendo conocida en estos días. No la leí. Es teóricamente una juguetona respuesta a Barcelona, la otra revista satírica que queda en el país. No tenemos más Ediciones de la Urraca ni hijos de satiricones dispersos que todavían apunten al centro, entonces es lo que hay...

En los afiches de lanzamiento de Madriz, sugieren que si no te gusta, que vayas y leas el "humor oficialista" de la otra revista.

Ja. Qué gracioso. Barcelona, se sabe, es especialmente cruel con algunos personajes de la llamada oposición política de este país. En realidad, en mi opinión, son un blanco fácil, pero se necesita algo de ingenio para reírse de ellos y no ponerse a llorar o rasgarse las vestiduras como uno, un ciudadano común.

Sin embargo, esa afirmación de la nueva publicación es como mínimo desacertada. Barcelona también le pega fulero a algunos figurones del oficialismo, pese a la presencia (ocasional) de Pablo Marchetti, su director, en el panel de notables de 6, 7, 8 en el canal oficial. Uno de los preferidos es lo que ya se ha transformado en casi su causa emblema, a la que le dedicaron esta vez no un suelto interno sino la tapa: el pedido de aparición con vida de Jorge Julio López, un testigo clave que declaró contra algunos asesinos en un tribunal platense hace ya un par de años y de quien nada se sabe desde entonces.

Simpático todo, y un claro síntoma del blanco/negro que nos está envolviendo y matando. No tolero más las dicotomías te amo/te odio. No las tolero de ningún lado que vengan. Pero están ahí.

En la vida de mitad de camino que llevo, un hombrecito de sombrero gris como yo, a veces me veo en problemas para explicar a algunos de mis conocidos, sin sentir que me miran como a un talibán expropiador, porqué el jefe de gobierno de mi ciudad me parece un inútil, o porqué me parece una canallada que el vicepresidente de La Nación homenajee a Strassera cuando su inmediata superior en el Poder Ejecutivo está de viaje por U.S.A. y viene de tener un altercado conceptual con él (sin juzgar quién me parece que tiene o no razón).

Estoy harto de decir en diversos ámbitos donde me muevo que hay medidas y políticas del gobierno federal que me parecen claramente equivocadas, haciendo la aclaración para que no piensen que en cualquier momento me embarco en una revolución bolivariana y salgo a cortar cabezas (si la revolución bolivariana hiciera esas cosas, para empezar, y si hubiera una revolución bolivariana, para finalizar). También tengo algunas cosas buenas que decir en favor de ellos, de los que gobiernan el país. Lamentablemente, a favor de Macri sólo puedo decir que estoy contento porque la cuadra donde vive mi vieja, y donde yo pasé mi infancia, está siendo reparada a fondo por primera vez en 40 y pico de años, luego de diversos cráteres producidos por innumerables microómnibus de líneas diversas.

Me pone muy de culo ver y escuchar cómo muchos medios ocultan adrede "buenas" noticias o las minimizan con contra-argumentos que por sí sólo quizás fueran válidos, pero que actúan como una "contrapartida" a vaya a saber uno qué cosa, qué concepto "grande" que excede la mera enunciación de aciertos y errores en ambos campos políticos, que ni siquiera tendrían que ser dos, de paso. Pero hay dos porque es más fácil que haya dos, no sea cosa que a alguien se le ocurra pensar que pueda haber una alternativa al alfajor de chocolate y al de dulce de leche. A los chorizos de carne vacuna o a los de cerdo.Lo mismo va para el partido gobernante.

Estás conmigo o sos mi enemigo. En el mundo del o esto o lo otro, no podés apoyar una medida que en lo superficial parece meramente demagógica con los resultados positivos que ellos puede traer para la sociedad en su conjunto. El peronismo como tal es esta gran contradicción hecha realidad: los objetivos más nobles enarbolados en los '50's se han visto nublados por tanta suciedad posterior, tanta trampa puesta en el camino de ingenuos bienintencionados o inútiles a secas.

Me cansa estar en el medio porque como decía el Innombrable (lo estoy mentando demasiado), a los tibios los vomita Dios. No creo en el de arriba, pero aun así, lo mejor que le puede pasar a este país es estar llenos de tibios, porque en general los tibios hacen ganar o perder una elección: la famosa duda, que está lejos de ser una jactancia de los intelectuales como afirmaba el erudito de ascendencia asturiana, es lo que nos hará libres, no sólo el trabajo. Nadie se clava un té con el agua recién salida del fuego. Nadie se arroja en una pileta llena de hielo luego de correr 3 horas una maratón.

Las dicotomías inflexibles ni siquiera sirven para mantener el viejo y casi olvidado arte de la discusión, el intercambio de posiciones contrapuestas: es altamente probable que terminemos todos a las piñas. Y yo a las piñas sólo me agarraba de mentirita, cuando mis hijos eran más chicos.

Ahora estoy grande para "tomá, te cagué, puto".

El tema de la canción que sigue, titulada como el post, no tiene que ver con esto, son reflexiones de su autora por haber llegado a la mediana edad: 33 añitos. Cuando se grabó este concierto, calculo, debía tener un par de sotas más en su haber, pero igualmente le quedaba bien, me parece. Me acordé por un post en lo de la M.Y. La Chrissie, en lugar de cantar "eschoy parado en el medio de la vida" (linda canción que cantaba el Ruso), hizo esto. La foto del comienzo del post la encontré por ahí. Me pareció adecuada y amateur. Bien en el medio. Ni una desgracia ni una obra de arte. Podría haberla sacado yo.

Ah. Este no es un post sobre política. Es conceptual sobre el maniqueísmo y las falsas opciones absolutas.

Enjoy.

viernes, 24 de septiembre de 2010

Irreverencia

Hace mil años, en los '90's, yo era un flamante manager de una unidad de negocios de una compañía transnacional que vendía productos muy buenos y de altísimo precio. No eran fabricados aquí, porque así era como hacía las cosas el Innombrable: para qué lo vamos a fabricar acá si allá lo hacen mejor, más barato y todo eso. De ese modo comenzó a hundir, aun más y como si hiciera falta, a un país mientras todos, un servidor incluido, nos gastábamos los baratísimos dólares en el Abercrombie & Fitch del Sawgrass Mall de Fort Lauderdale y los parques de Disney...

Pero ése es otro asunto.

Fruto de mi ingenuo entusiasmo de entonces y como un gesto de buena voluntad hacia el "gremio" conformado por los sufridos distribuidores y convertidores argentos de esos productos que eran mis clientes, acepté ir a la cena (nunca comida) anual de camaradería de la cámara empresaria que los agrupaba, realizada en el horroroso, ya en esa época y ahora también, restaurante "El Padrino" de la Costanera Norte.

Además del consabido pollo con champiñones de rigor en esos ágapes, y del vino blanco barato fraccionado en algún galpón sucio de Palermo, la cosa traía "número vivo".

Cuando ya el embole me carcomía, y en compañía de mi (entonces) señora cónyuge que se mordía los codos contando los segundos antes de la discreta retirada, apareció en el escenario una chica flaquita no tan chica, solita su alma, con la única ayuda de un apparecchio que disparaba pistas pregrabadas (el viejo truco), y un kit de timbaletitas medio gronchito y elemental. La flaquita no era muy bonita de cara pero no era desagradable y estaba vestida íntegramente de negro: una especie de top escotado hacía más patético su magro busto, y unas calzas igualmente pretas mostraban un nada ostensible trasero que al decir del catalán, tenía demasiados huesos. Piernitas flaquitas, chatitas negras, y allá iba la muchacha...

Su repertorio, como correspondía a una intérprete que tenía mucho más de amateur que de profesional curtida, estaba compuesto íntegramente por covers de onda "latina": los hits del momento, algún bolero clásico pero interpretado en el estilo, tan en boga en esa época, de los discos "Romance" de Luis Miguel: o sea, a los gritos y con 0 (cero) relación climática con las letras que hablaban de contrariados y desesperados amores. La única cosa buena que tenía la mina es que realmente no desafinaba ni por casualidad. Tenía un timbre de voz fresco, juvenil, firme, y un carisma especial para atraer la atención de los jovatos ya medio alcoholizados que habían ido ahí a hacer sociales con sus camaradas… y con los nabos de las empresas proveedoras como yo, a ver si les bajaba unos mangos el precio del producto.

En el clásico momento de hacer participar al público, la minita llamó al “escenario” , una plataformita triste de madera ligeramente sobreelevada que chirriaba ante sus saltitos, a alguien que quisiera cantar con ella. Un cincuentón también íntegramente vestido de negro que no era parte del show, pelo largo desactualizado, unas cuantas canas y cara de banana de Ramos Mejía se acercó y luego de la introducción le dijo a la minita que él había sido “artista” (esa palabra usó). La minita le dedicó una mirada piadosa y cuando le requirió detalles el tipo le dijo que era Héctor Santos, otrora estrella de ese programa señero de la cultura argentina de fines de los 60’s y comienzos de los 70’s llamado “Música en libertad”, donde jovenzuelos/as vestidos/as a la fashion del día simplemente bailaban y hacían lipsync al son de “los ritmos de moda”. La minita, bastante cruel en su interior, quiso gastarlo más y le pidió que le cantara algo, tras lo cual Héctor le descerrajó un par de estrofas a cappella de una patética e ignota canción que en épocas mucho más generosas que la nuestra (bueno, no sé si es tan así) había grabado (sí, grabado) y sacado al mercado, con un éxito rotundo en el círculo familiar cercano (no tanto político).

Obviamente, la diferencia generacional entre ambos creó un momento un tanto incómodo: la minita le dijo que no lo conocía a él ni a la canción, tras lo cual pasó rápidamente a la acción y juntos hicieron como que entonaban “una que sabemos todos”. Posiblemente haya sido una buena idea que Héctor hubiese cambiado de negocio a tiempo... o quizás fue fruto del orden natural de las cosas, ¿no?

Todo transcurrió normalmente hacia el final del set. Fast forward hasta algunos años más tarde, y la minita se convirtió en una “artista” (no como Héctor Santos) hecha y derecha, grabó discos varios, cantó ante mucha gente, no sólo acá sino en el resto de América Latina, componiendo ella algunas canciones, con arreglos muy buenos y cuidados, aunque con ese tono intrascendente que hoy cultiva Diego Torres: todo muy lindo pero pasame el vitel toné, fiera.

Luego de algunos años de éxito, la mina desapareció un poco del mapa, no sé si por temas personales, la permanencia en el estrellato le fue esquiva, la gente casi como que se olvidó de ella luego de haber martirizado los oídos del país desde la alta rotación de la 100 y otras delicias.

Marketineramente suspicaz, ella y/o su representante y/o su compañía discográfica, recientemente sacaron un CD íntegramente compuesto por covers, por versiones de canciones famosas para que la gente cante y reconozca. Paradójicamente, volvió a sus comienzos. La minita sigue teniendo una buena voz, los arreglos de las canciones ajenas no están mal, pero yo y creo que mucha gente ya va pidiendo el pollo con champiñones, no en “El Padrino” sino donde esté, si es que está todavía de este lado del piso.

A continuación, entonces, al modo de los "homenajes" de Julito, una versión decente en lo vocal y (en mi opinión) mediocre en lo instrumental, de una hermosa canción cuya letra fue cruelmente desfigurada y ultrajada para que “le guste a todos”. Habráse visto tamaña irreverencia... La versión es la del CD, con fotos de la minita que ilustran mientras corre la música hasta el ansiado final...



Ok, ya pasó, bueh, bueh, ok, tampoco es para ponerse así, che...

Si, como a mí, les dio dolor de estómago, siempre está la original, que es una obra maestra (y que yo ya había posteado hace tiempo).

Enjoy.

lunes, 20 de septiembre de 2010

It's a man's world



A raíz de un percance con su automóvil, desde hace cerca de un mes mi hermana (algo menor que yo) pasa unas 2/3 noches por semana en mi departamento junto con mi sobrino. Ella vive más o menos lejos de mi casa y de su trabajo, que queda cerca de donde yo vivo, entonces además de alimentar los lazos fraternales, se ahorra unos mangos y algo de tiempo en el traslado a su laburo (que es también la escuela donde va el retoño).

El detalle simpático es ver a la mañana cómo Beto, el encargado de mi edificio, nos ve salir tan campantes a los tres, recién bañaditos y desayunados, con el pelito mojado y la sonrisa al frente. Mi hermana es más bien tirando a bajita, y yo tirando a altito. El tipo debe pensar que soy un desafortunado que no sólo se consiguió a una cuarentona de novia, sino que además la mina se le metió en el derpa con pendejo y todo... Y bueh.

La cuestión es que hoy a la mañana, luego de un fin de semana salvaje donde mis hijos (varones) arrasaron con todas las reservas alimenticias y de toallas limpias de mi departamento, mi hermana, que vino anoche a dormir con su hijo, mientras yo preparaba el café andaba merodeando por ahí, abriendo cajones, revisando las estanterías donde se amontonan CD's, libros, cupones de tarjeta, un par de pen drives, unos antifaces para dormir en el living (no tengo persiana, mira al este), etc.

- Qué buscás.
- Una gomita, me responde, haciéndose el típico gesto femenino de amucharse la parte trasera del pelo en una colita.
- Para qué.
- Para el pelo, gil, ¿no me ves?, y me señala con los ojos revoleados la mano izquierda sosteniendo el mechón.
- Acá no hay esas cosas. Esta es una casa de hombres.

Y no, no hay, che.

Y dudo que alguna vez haya.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

El sol y los planetas

Tengo que ponerme las pilas.

En otra casa en la que vivía hasta hace unos años tengo un libro de fotos sacadas por Linda McCartney, entre las que estaba esta.



Impresionante. La foto fue tomada durante las sesiones de Let it Be, presuntamente, donde George no la estaba pasando muy bien. Quizás esa especie de "corona de espinas" en que había transformado una humilde pandereta, o tambourine como le dicen en inglés, no era tanta casualidad. Y contribuía al aura mística que el tipo cultivaba, a veces a su pesar.

Ese libro, que tengo que recuperar, también tiene fotos de otras estrellas de la época, entre ellas unos muy jóvenes y zarpados Rolling Stones, B.B. King, James Taylor, Crosby & Nash, Paul Simon, The Who y un montón de gente más, mucha de la cual la joven Eastman (que no tenía nada que ver con los dueños de Kodak) había pasado por las armas ella misma...

Ya que estamos con mi Beatle preferido, en el siguiente clip tomado en uno de esos conciertos organizados por el príncipe tonto de las islas británicas, puede apreciarse la siguiente alineación, además de una sección de vientos inidentificable a simple vista:

Guitarras: George Harrison, Jeff Lynne (ELO, ¿hace falta aclarar?)
Bajo: Mark King (el de Level 42)
Percusión: Ray Cooper (Eric Clapton, y mil etc. más)
Teclados: Jools Holland, Elton John
Batería: Ringo Starr, Phil Collins



Mamita...

Enjoy.

martes, 7 de septiembre de 2010

Friendly Fire I

Sección iniciada recién, porque se me canta, comentando las delicias que maquinan los cerebros profesionales marketineros/publicitarios, "creando" publicidades que aparentan ser inocentes y no, no lo son.

Exhibit A:



Pese a lo que indica el nombre de la imagen, que refiere algo relacionado con la "cirugía" (esas líneas que le dibujan a la muchacha del sector superior), el mensaje subliminal es que efectivamente la muchacha en ropa interior es, digámoslo así, gorda.

Ok, no es el cánon corporal que se maneja de un tiempo a esta parte, pero posiblemente su tipo de cuerpo esté en el sector superior en cuanto a proporciones, al menos en la población femenina mundial. Y superior no en peso, sino en lo que se refiere a "belleza", si se quiere.

Lo irritante de este asunto es el uso de "Too much", que obviamente luego remata con "Tu much" linkeando el nombre del cliente, que es el canal de música que todos conocemos, Much Music, y la imagen de una niña que no, que no es "too much". Que es linda. Porque no es gorda.

El uso del "too much", que en inglés significa "demasiado", es, en mi opinión, especialmente perverso dado que en el lenguaje coloquial de cierta fauna urbana porteña, deja de significar lo que significa, o sea "demasiado", para implicar o connotar la acepción de "inaceptable": mucha gente en esta ciudad utiliza la expresión (aun sin saber una papa de inglés, como la mayoría de la población argentina) para referirse a algo que no va, que no encaja, etc.

El contraste con la bonita señorita de la foto inferior hace que huelguen las palabras, ¿verdat?

There will be more to come.

No es brillante, pero al menos los 4 (cuatro) comentaristas de este blog van a dejar de hablar de soretes esparcidos por el campo, qué joder.

viernes, 27 de agosto de 2010

El factor Droopy y los espías caninos




En la cuadra del edificio donde vivía hasta hace unos tres años, en el centro de Belgrano, hay un edificio cerca de la esquina que tiene un encargado muy simpático, pero no porque sea gracioso: de hecho no lo es, y anda arrastrando sus pies por ahí acompañado de una perrita pedorra de raza perro que sí es simpática. Cuando yo vivía allí lo veía casi siempre, con esa gracia que tienen los encargados de los edificios a la tardecita/noche, bañaditos y con el jean "de salir", las adidas blanquitas y el pólar sin mangas.

Desde que voy ocasionalmente, es rara la vez que no lo encuentre también dando vueltas por ahí, solo o con la perra. Uno ve la perra y sabe que el tipo está cerca, como esos animalejos que alertan sobre la presencia de un depredador en los alrededores.

Ahora bien, en un principio yo creía que esto sucedía porque yo siempre iba a la misma hora, los mismos días de la semana. Pero al poco tiempo me di cuenta de que el tipo siempre estaba ahí, inclusive cuando me acercaba en auto y estaba, digamos, a 5 cuadras del lugar, fuera de mis horas o días habituales, o hasta cuando pasaba de casualidad por allí. Droopy y su perrita blanca.

Con mis hijos lo bautizamos Droopy por esa capacidad de aparecer de la nada que tenía el perro de los dibus, y solemos reírnos mucho cada vez que lo vemos. Lo señalamos con las cejas cuando pasamos a su lado, o los veo reírse de vereda a vereda cuando advierten que yo registré su presencia. Sin ir más lejos, hace media hora fui a darle algo de ropa a uno de mis hijos (se la había olvidado en mi casa), en un horario en que no voy nunca... y ahí estaba Droopy con su perrita fiel.

Yo también creía que este era un hecho aislado, una anécdota de encontrarse con alguien casi de casualidad, como a veces me lo cruzo al churrero paraguayo que anda en bici por las calles del barrio de Saavedra los sábados por la mañana y yo lo persigo en auto por la calle Conesa (o eventualmente por Zapiola), frenando en cada bocacalle a ver si lo ubico. Sí, usualmente lo encuentro, me compro un par de churros (más ricos y baratos que los de la panadería), y me acuerdo del comienzo de Rayuela, eso de salir a encontrar a alguien aunque uno no sepa si... ¿encontraría a la Maga?

Lamentablemente, las apariciones raras y los canes me siguen acosando: en el edificio donde vivo ahora solía escuchar, cuando apenas me mudé, un concierto de perros aullando y ladrando como si los estuviese atendiendo Camps o Echecolatz (o Patti, ya que estamos). Por vecinos me había enterado que un señor raro casado con una señora, ya mayores, sin hijos o con hijos mayores viviendo quién sabe dónde, tenían un pequeño negocio acá a dos cuadras y ocasionalmente se turnaban para pasear a los perros. Lo que me está preocupando en estos días es que tengo mi propia versión barrial de Droopy, porque también me lo encuentro al tipo, paseando a algunos de sus 97 perros a cualquier hora del día o la noche, en cualquier lugar, y en cualquier circunstancia. Al tipo me lo he cruzado un sábado de madrugada, o sea, domingo tipo 6am, yo volviendo un tanto escorado, y él lo más fresco con los perros (de a tres, mínimo) cagando alegremente sobre la vereda donde después yo juego a la rayuela para no enchastrarme.

Es más: una vez que no funcionaba el ascensor, el tipo se quejaba porque tenía que subir 5 pisos... ¡con un perro cardíaco!

Me parece que estoy en un momento peligroso de mi vida. Sueño que seres siniestros con perros salvajes me persiguen, intentan averiguar mis secretos, controlar mis movimientos o, como los dementors de Harry Potter, extraerme mi alma al tiempo que me dejan congelado y sin vida.

Horror.

martes, 24 de agosto de 2010

¿Qué parte no se entendió?




Hace un tiempo hice un post sobre esta mujer y nadie dijo nada.

Posiblemente esto ayude a convertir infieles.

Enjoy.


jueves, 12 de agosto de 2010

And It's Beautiful

Los Crash Test Dummies están de vuelta... ¡y es hermoso!

Esta canción está en su nuevo trabajo "Oooh La La", aparecido hace muy poco. La banda ahora es básicamente sus dos miembros compositores/cantantes/fundadores, el loco de Brad Roberts y la rubia Ellen Reid. El último CD fue hecho en base a un juguetito musical muy viejo llamado Optigon, pero no los quiero aburrir con detalles.

En la página del grupo hay más info. Mientras tanto... este es el clip oficial de la canción que titula el post.

Enjoy!



Para quienes prefieren a los vintage Crash Test Dummies (no, no voy a postear la del Mmmmm... que me gusta mucho pero está demasiado escuchada). Esta es de ese mismo disco, "God shuffled his feet", y tiene algunas frases memorables. La canción trata sobre envejecer y entre otras cosas dice que va a llegar un momento en que las tardes se van a medir por cucharaditas de café (por las dosis de medicación) y T. S. Eliot, por la lectura.

Brad Roberts ha perdido algo de pelo (bastante) pero no las mañas. Y además, es fan (y un poco ladrón, digamos) de XTC. Qué más se puede pedir...

lunes, 9 de agosto de 2010

Reality Bites



Los/as cuatro que leen esto habitualmente ya saben de mi aversión por las slow motions domingueras.

Las cosas no han cambiado mucho desde ese entonces en esta pálida ciudad, e inclusive hoy he percibido que se han trasladado a los días de semana, precisamente al lunes. Quizás es una cuestión de adyacencia con el fin de semana pero lo que estoy viendo es que o el mundo anda más despacio o yo estoy andando demasiado rápido. Quizás sea esto último, y eso no es un dato alentador.

En mi actividad laboral tengo que andar dando vueltas por los bancos, a veces cobro trabajos con cheques, a veces no, a veces necesito algo de cambio, a veces tengo que hacer trámites bancarios que no son ni una cosa ni la otra.

Los bancos siempre me parecieron la encarnación del mal, de la crueldad in-your-face, del te la pongo y vos no podés decir nada porque yo la tengo más grande que vos. Te cobro la ineficiencia, y vos no podés decir nada. La inmensa mayoría de las instituciones bancarias tienen tarifas adicionales si, por ejemplo, tenés la osadía de depositar algo en una sucursal que no es la tuya, de dejar el importe de cheque en un limbo extraño durante 48 (cuarenta y ocho) horas antes de pasarlo de un lado a otro, en pleno año 2010 y con la informática y las comunicaciones en el estado obsceno de desarrollo que siempre es resultado de la famosa codicia, que es buena según Mr. Gekko.

Los resúmenes bancarios están llenos de cargos por infracciones que cometemos los ciudadanos por no bancarizarnos del todo, yo afortunadamente manejo muchas de ellas desde el mismo lugar donde estoy escribiendo esto, pero nada me salva si retiro guita en un cajero Banelco del Banco de las Petunias en lugar del Galicia. Las terminales de autoservicio, creadas específicamente para tener menos headcount que bancar a fin de mes, no funcionan bien, o andan 2 de cada 4 en muchos lugares, y como consecuencia hoy me tuve que soportar a un cadete de una empresa que hizo 12 (doce) depósitos distintos en una de esas terminales, justo delante de mí. Los cajeros no suelen tener sobres para depósito, o no tienen dinero suficiente nunca y es común ver gente haciendo cola en los cajeros a cualquier hora. Cola en los cajeros automáticos. ¿No era que los cajeros automáticos estaban para que no hagamos más colas?

Todo esto ocurría hoy, luego de vagabundear un rato por Parque Patricios, donde casi me permito un momento de hedonismo extremo cuando estuve a punto de clavarme un choripán con vino barato en una parrilla ubicada casi enfrente del Ducó. Los bepis de las fábricas de ahí también están bancarizados y se la ponen igual que a mí, pero yo no tenía tiempo para engullirme el chori en plena Av. Amancio Alcorta. Ellos la pasaban bien, y yo no.

Entonces, tanto arriba del auto a la mañana, como dentro del cajero a la tarde, el mundo transcurría exasperantemente lento. La realidad, tal parece, se está empecinando en tirarme un rato para atrás, y eso, reitero, no es un buen síntoma.

Casi como que me alegré cuando hice caminando unas 10 cuadras al sol de la primera tarde, atravesando Catalinas y yendo hacia Retiro para tomar el tren de vuelta a mi casa. Aquí puedo poner algo de música, picotear algo de la torta que me quedó de ayer cuando vinieron mis hijos, mirar de vez en cuando el río a través de la ventana, no mucho porque la visión de gente despreocupada tomando clases de tenis mientras yo laburo no me causa mucha gracia, etc...



Pero claro, en el tren línea Tigre, a esa hora, no hay mayoría de profesionales circunspectos y ridículos como yo. Un matrimonio joven, de no más de 25 años se sienta frente a mí con su pequeña nenita, que juega con el celular del padre, dueño de un ringtone odioso con una nenita (otra nenita) cantando en no sé qué idioma. Luego, el tipo manda otro mp3 (su teléfono es más tecno que el mío, lo verifico) esta vez con una actriz que hace voz de nena pero putea a lo loco. La pendejita de no más de 4 años se ríe, la historia cuenta algo como que una chica que trabaja de mucama se "come un bebé todos los años", hace cosas raras con el dueño de casa, y sigue puteando. La nenita se ríe, los padres también. Yo trato de concentrarme en mi libro. No puedo. El tren, obstinadamente, descarta de plano la idea de salir antes de las 15.05 de Retiro, que es su hora pautada. Y el padre de la nena, aparentemente molesto por un par de miradas torvas (no la mía, soy bastante amargo socialmente pero todavía no me da por esas actitudes), apaga el mp3 de la escatológica monologuista, que tiene un acento raro entre paraguayo y boliviano (eso le dice el tipo a su esposa, yo no distingo los acentos).

Otra pareja detrás de mí come un sánguche de milanesa. Yo todavía no almorcé, lo haré en cuanto llegue, pero milanesa, no. Está difícil seguirlo a Scott Fitzgerald y su "Head and Shoulders". Me pongo contento como un imbécil cuando el tren finalmente arranca y todas las conversaciones, toda la vida que estalla a mi alrededor se hunde como en una almohada sónica y el golpeteo de las ruedas sobre los rieles hace homogéneo todo, las expresiones humanas y el zumbido de las máquinas.

De todos modos, el minnesotano Francis perdió la batalla, aterriza en mi mochila, saco los anteojos oscuros y me dispongo a mirar hacia la izquierda las construcciones de 5 pisos de la villa 31. A diferencia de lo que pasa en ese preciso momento dentro de mi cabeza y quizás de mi alma, allí también hay gente que vive, que toma los días de a uno por vez y en ese proceso queda detrás en mi imaginario espejo retrovisor. Uno de los pocos casos donde estar delante en realidad es estar fuera de lugar, es decir, en el lugar más incómodo.

Luego de una tarde relativamente apacible laburando en mi casa, mi amigo F. me llama para saludar. Al fin uno con la vida resuelta, me digo. Siempre admiré a mi amigo F., en parte por eso es mi amigo, un tipo equilibrado, creativo pero sin enloquecer, divorciado hace años pero sin complejo de pendejo rompebombachas, serio pero no solemne, con algunos puntos en común conmigo (si no, no sería mi amigo), pero con ese plus que le da haber madurado antes luego de una infancia no tan fácil emocionalmente. El tipo está arriba de su auto, hablamos de 2 huevadas pero se lo nota nervioso, me consta que habla con manos libres, lo he visto y jamás pondría en riesgo su vida ni la de otros por hacer esas boludeces.

"Estoy yendo a yoga", me dice. Qué bueno. Lo felicito por el control. Los ancianos de nuestra edad, en estas fechas hito que nos han tocado últimamente, intentamos tener nuestro costado zen, aunque no siempre nos sale bien. "Qué control ni tres carajos", me dice. "Salí de Palermo hace 20 minutos, todavía estoy en Belgrano, y tengo que llegar a Villa Urquiza en 5 minutos, a media cuadra de donde se derrumbó el gimnasio hoy."

"Y la putísima madre que lo parió, te llamo más tarde y arreglamos para vernos". Corta.

Uf.

Menos mal que hay tipos normales como yo todavía en esta ciudad.

viernes, 6 de agosto de 2010

Pity Me

De sopetón, sin decir agua va, la mexicana me espeta:

Por favor ingrese la hora dentro de las próximas 24 horas en la cual desea recibir su llamada de despertador.

Hace una pausa casi imperceptible, y sin dejarme respirar, agrega:

La hora debe ser introducida en formato de 24 horas, dos dígitos para la hora y dos dígitos para los minutos.

Y se pone mandona al final (pegame y llamame Marta):

Por favor ingrese los cuatro dígitos ahora.


Para dejarme tranquilo, reasegurándome de que el mundo, y en especial Telecentro, son parte de un lugar confiable, me relaja con:

Usted recibirá su llamada de despertador a las... 6 horas y cuarenta-cinco minutos.


Lástima ese final, parece coreana o no sé qué.

Pero bueno, mucho no me puedo quejar, desde hace unos 3 años a esta parte, es (casi siempre) la última voz femenina que escucho en el día que se dirige a mí en forma directa antes de irme a dormir.

No es poco.

martes, 27 de julio de 2010

Suspenso hitchcockiano

Anoche no me sentía muy bien, había comido fuera de mi casa y llegué algo tarde. Hacía frío, yo tenía frío, moría por un hot shot de algo alcohólico, inmediatamente té con limón y 5 cucharadas de azúcar, ibuprofeno 600 y cama, en ese orden.

Embole fue encontrar el clásico cartel en el treintayúnico ascensor: "Fuera de servicio". Shit. Tuve que escalar unos cuantos pisos, más de 5, menos de 12...

Luego de recuperar el aliento, me clavé un licor casero gallego que tengo añejado desde hace años, traído por familiares de visita a otros familiares en la península. Lindo. Green Hills (cuando uno está enfermo, nada de Earl Grey), ibu, y camita... Me miré King of California con Michael Douglas, excelente para agarrar sueño. La minita estaba buena. Michael Douglas, no.

Hoy todo bien, ascensor funcaba, tranqui. Día normal.

Recién llego de vuelta, ya me siento mejor, no tengo frío y cuando estoy por abrir la puerta del ascensor, escucho el sigiuiente diálogo entre Beto, el encargado y alguien que presumí sería el técnico, por la caja de herramientas y el logo en el mameluco. Cita casi textual.

Beto: - Bueno, y entonces lo que hice fue, a lo gaucho, (usó literalmente esta expresión, que un rato después me dio escalofríos), le puse unas arandelitas que tenía, las atornillé a unos ganchos del techo, y de ahí le colgué los bla, bla...

El técnico: - Ajá...

No quise escuchar más.

Abrí la puerta del ascensor, cerré rápido, presioné el botón de mi piso.

Fue uno de los viajes más largos de mi vida.

En la foto, ascensor "fuera de orden" al fondo y, de izquierda a derecha: Penny, Sheldon, Leonard, Raj y Howard, de una de mis series favoritas, The Big Bang Theory.




jueves, 22 de julio de 2010

Transiciones

No sé si exactamente como un rey, pero al menos UN día al año (sin ir más lejos, hoy) me siento realmente bien.

Inclusive con, como en este caso, la ominosa sombra de los números redondos.

(Yo todavía tengo un vinilo como el que muestra Dave al comienzo).


Enjoy.

lunes, 5 de julio de 2010

Grandes dramas de la vida aún irresueltos



El gran problema con Bill Evans es que uno puede distraerse con alguna teta o una porción de profiteroles en lugar de permitirse, por un momento, algo de eternidad trascendente.

Eso.

Enjoy.

viernes, 2 de julio de 2010

Girls part no sé cuánto




Yo sabía quién era Marina Lima pero nunca le di bola, honestamente. Es más, a fines de los '70 y comienzos de los '80, grababa sólo con su nombre de pila, y a mí las chicas con nombre de pila solamente, salvo que sean Madonna, siempre me inspiraron desconfianza.

De todos modos, sabía que había influido en la música pop brasileña, pero en la verdadera música pop, la de influencia sajona. A mí siempre me cayeron más simpáticos los grupos o solistas de ese país que lograban abstraerse de la fortísima herencia de música de raíz negra y lograban, aun así, imitando, como se hizo en el Río de la Plata, enhebrar un lenguaje propio.

Este post es una compensación por la tristeza que me dio que hoy eliminaran a Brasil de la Copa del Mundo... (je, no me cree nadie).

Marina Lima tiene una historia densa, digna de ser leída, y pese a todo aún está viva y produciendo, tiene casi 55 años y esas fotos de Playboy (hay más dando vueltas por ahí) fueron hechas cuando tenía unos 40 o por ahí. Mamita.



La primera canción es esta, "Virgem", que me hubiese gustado encontrar en su versión que más me gusta, la del Acústico MTV de 2003. Como no la encontré, va por (sí, adivinaron) Paula Toller acompañada por los otros dos Kid Abelha, Bruno Fortunato y George Israel. Sí, Paula siempre canta así, con las piernitas puestas de ese modo. Ya la he posteado hace un tiempo junto a Rita Lee. Precisamente a partir de ese post, la MY me desasnó diciéndome que en realidad "Nada por mim", una canción hermosa que yo creía que era de los Kid Abelha, en realidad era de Marina Lima. Todo el tiempo se aprende algo...

La grabación no tiene una calidad óptima, pero la canción es tan buena, que bien vale la pena el intento.



Finalmente, acá sí encontré una versión del Acústico MTV, "O Chamado", con una calidad de imagen y sonido muy buena, y una banda de acompañamiento excelente.

Enjoy.

martes, 22 de junio de 2010

No, si es como te digo yo...

Pese a que en la columna de la derecha hay un sitio de un experto, con nombre y apellido, me veo en la obligación moral de reproducir este comercial ofensivo, que demuestra palmariamente, y una vez más, que los "creativos" publicitarios argentinos no sólo fuman de la mala sino que además son pendejos que viven en una burbuja, hacen creer a los gerentes de marketing que la burbuja es la realidad, y además son prejuiciosos y hasta racistas.

El comercial de celulares Personal que hemos visto hasta el hartazgo en estos días previos al Día del Padre en la Argentina, tiene, entre otras cosas:

a. Una postura falsa (posiblemente adrede para efecto humorístico) de la brecha generacional entre hijos y padres: el señor que hace desastres con la compu debe tener máximo 50 años, dato que se desprende no sólo de su aspecto sino de tener un hijo adolescente o tween, lo que quieras. Yo ando por esa edad y estoy lejos de ser un casi analfabeto informático. Es más, la clase media urbana argentina de esa edad posiblemente sea la primera en utilizar ese tipo de tecnología aun hoy. El prejuicio se subraya más en el spot de radio (que aquí no aparece) donde el tipo farfulla algo como "are you sure to delete all mails" o algo así.

b. Un tipo que vive en esa casa y con esas comodidades difícilmente sea un bestia que no sabe manejar una compu. Adicionalmente, y esto es de jodido que soy, el actor no es rubio ni de ojos celestes ni tiene aspecto de profesional urbano: es más bien morochito con un sospechoso aire del estereotipo de un sindicalista.

c. Las menciones a que el tipo aparece en las pantallas de algo que parece ser Times Square en NYC son típicas de los creativos fumones, que con ese presunto efecto cómico, más el agregado de la expresión vulgar "ahí va queriendo" pretenden ridiculizar al pobre estúpido que con sólo apretar teclas anda liberando orangutanes de los zoológicos urbanos o poniendo los semáforos a hacer cosas locas. Puedo entender el efecto humorístico de estas dos cosas, lo que me resulta inaceptable es que se pretenda inculcar al espectador/decisor, o sea al niño que no maneja guita propia pero que le pedirá a la madre o al padre, que su progenitor es un pobre bruto que apenas si sabe poner en "on" el reproductor de DVD.

Hace unos años el inefable Bobby Flores, DJ brillante y opinador mediocre, cuando promocionaba sus programas de retro música soul dialogaba imaginariamente con una chica adolescente previniéndola sobre el contenido musical de su programa, basado principalmente en clásicos de los 60 y 70: "Lo nuestro no podrá ser, yo no sé mandar mensajes de texto". El viejo Bobby y yo hemos aprendido a mandar mensajes de texto, pero antes que eso aprendimos a usar una computadora y nunca llamamos o nos referiríamos a la arroba como "esa 'a' con el rulito".

Enjoy (si se puede).

lunes, 21 de junio de 2010

Street Hassle/Street Hustle

No llego al cine, estoy con los 3 y no llego al cine. Venía de ver a un amigo en Villa del Parque, la peli la daban en el chópin de Villa Devoto que queda cerca de Beiró. Me quedaba cerca y fui, doblo como un loco con el auto en la calle que bordea la plaza y atisbo milagrosamente que un tipo se va, muy cerca de la esquina. Clavo las guampas y por poco no me lleva puesto el de la 4x4 que venía detrás. Balizas y manito afuera pidiendo perdón para estacionar. El tipo no se mueve, y a mí me faltan unos pocos centímetros para hacer la maniobra. El tipo retrocede un cachito, pero (según me informan desde mi asiento trasero), hay otro detrás (otra 4x4, no sé qué espero para comprarme una, che), que tampoco se mueve. Veo por el retrovisor que el tipo de atrás mira por el retrovisor, típico gesto de "correte que estamos todos enchorizados". Nada. Me enculo, me quedo quieto esperando que se muevan. Segundos interminables. Nada de nuevo. Otra mirada, otra sacada esta vez de brazo con seña al lugar vacío. Nada de nuevo. Me salgo del auto, lo miro al 4x4 number one que levantando las cejas me señala al 4x4 number two. El number one hace gesto de impotencia quélevacer, el number two escondido detrás del polarizado ("la" number two?) impasible. Me está patoteando. Bocinazos por todos lados. El hijo de puta no quiere moverse. De repente, y anticipándose por décimas a mi reacción, number one sale también del vehículo e increpa a los insultos a number two, quien tenía no menos de medio auto para atrás, para que retroceda. Lo hace, yo estaciono, todos siguen y liberan el minibolonqui de Beiró. Pasa el polarizado, ni levanta los vidrios pero como un gesto de protesta me caga a bocinazos. Llego a tiempo a la peli. Todos felices.

Día siguiente, cerca de mi casa, salgo manejando por una calle de Núñez, casi de noche, súbitameante un perro inmenso se cruza en el camino, clavo los frenos, estoy solo y puedo putear... ¿a quién? Al perro. No, al perro, no, quizás al presunto dueño del bicho ese que por pedigrí debe valer unos cuantos cientos de dólares, quien apoya ambas manos sobre el capot de mi auto y con los ojos desorbitados me increpa a voz en cuello: "¡Si lo llegás a tocar te juro que te rompo el auto a patadas, pelotudo!" What?

A los pocos días, subiendo por Sucre hacia Cabildo desde Virrey Vértiz (ahí los cagué, ¿eh? Barrancas de Belgrano). Lindo el empedrado. Con la barrera que me había detenido un buen rato, estaba apurado, acelero en segunda hasta Arribeños, justo donde está la fuente, me olvido por un segundo de la fuente y hago maniobra hacia la izquierda, para esquivarla por allí, un par de joggers esperando que pasen los autos pero medio metro dentro de la calzada, no en la vereda, donde deberían estar. Paso rasante y escucho "Somos peatones..." con aire indignado.

A los pocos días, también en Núñez, una mina cruza parsimoniosamente en la esquina, con el semáforo hace unos cuantos segundos en rojo, y un automovilista le dice, "qué hacés gorrrrrrdaaa!!!!" La mina, indignada, le dice, sin haber leído el manual de tránsito "Los peatones tenemos prioridatttt...". What?

Mis vecinos, en realidad, la mujer que vive con su familia en el depto frente a mi puerta, se caga a gritos con la hija, una adolescente que la viene acusando reiteradamente de inepta. Me da lástima, pero por lo menos están puertas adentro. Y yo no debería estar escuchando.

Me pregunto qué pasa con la gente en la calle, que adopta esos comportamientos tan hostiles hacia los otros. Paso mucho tiempo de mi vida en la calle, y sólo me acordé de esto, pero antes de sentarme frente al teclado tenía no menos de 3 historias más, alguna de las cuales quizás aparezca en un comment, si es que alguien comenta esto.

Será la edad, será el frio que hace en la calle, será que estar escuchando a Paula Toller o a Kate Bush en mi casa me hace sentir confortable, en armonía con el mundo, será que nadie en la calle escucha ni a la Toller ni a Kate Bush, será que todos estamos un poco locos, como me dijo mi amigo G. que hace unos años se fue a vivir a El Bolsón y cuando lo fui a visitar no sólo me hizo escuchar el silencio sino que me preguntó realmente, justo él, un porteño NYC burgués como él, flaco, ¿vos estás seguro de que la ciudad te sirve?