lunes, 9 de agosto de 2010

Reality Bites



Los/as cuatro que leen esto habitualmente ya saben de mi aversión por las slow motions domingueras.

Las cosas no han cambiado mucho desde ese entonces en esta pálida ciudad, e inclusive hoy he percibido que se han trasladado a los días de semana, precisamente al lunes. Quizás es una cuestión de adyacencia con el fin de semana pero lo que estoy viendo es que o el mundo anda más despacio o yo estoy andando demasiado rápido. Quizás sea esto último, y eso no es un dato alentador.

En mi actividad laboral tengo que andar dando vueltas por los bancos, a veces cobro trabajos con cheques, a veces no, a veces necesito algo de cambio, a veces tengo que hacer trámites bancarios que no son ni una cosa ni la otra.

Los bancos siempre me parecieron la encarnación del mal, de la crueldad in-your-face, del te la pongo y vos no podés decir nada porque yo la tengo más grande que vos. Te cobro la ineficiencia, y vos no podés decir nada. La inmensa mayoría de las instituciones bancarias tienen tarifas adicionales si, por ejemplo, tenés la osadía de depositar algo en una sucursal que no es la tuya, de dejar el importe de cheque en un limbo extraño durante 48 (cuarenta y ocho) horas antes de pasarlo de un lado a otro, en pleno año 2010 y con la informática y las comunicaciones en el estado obsceno de desarrollo que siempre es resultado de la famosa codicia, que es buena según Mr. Gekko.

Los resúmenes bancarios están llenos de cargos por infracciones que cometemos los ciudadanos por no bancarizarnos del todo, yo afortunadamente manejo muchas de ellas desde el mismo lugar donde estoy escribiendo esto, pero nada me salva si retiro guita en un cajero Banelco del Banco de las Petunias en lugar del Galicia. Las terminales de autoservicio, creadas específicamente para tener menos headcount que bancar a fin de mes, no funcionan bien, o andan 2 de cada 4 en muchos lugares, y como consecuencia hoy me tuve que soportar a un cadete de una empresa que hizo 12 (doce) depósitos distintos en una de esas terminales, justo delante de mí. Los cajeros no suelen tener sobres para depósito, o no tienen dinero suficiente nunca y es común ver gente haciendo cola en los cajeros a cualquier hora. Cola en los cajeros automáticos. ¿No era que los cajeros automáticos estaban para que no hagamos más colas?

Todo esto ocurría hoy, luego de vagabundear un rato por Parque Patricios, donde casi me permito un momento de hedonismo extremo cuando estuve a punto de clavarme un choripán con vino barato en una parrilla ubicada casi enfrente del Ducó. Los bepis de las fábricas de ahí también están bancarizados y se la ponen igual que a mí, pero yo no tenía tiempo para engullirme el chori en plena Av. Amancio Alcorta. Ellos la pasaban bien, y yo no.

Entonces, tanto arriba del auto a la mañana, como dentro del cajero a la tarde, el mundo transcurría exasperantemente lento. La realidad, tal parece, se está empecinando en tirarme un rato para atrás, y eso, reitero, no es un buen síntoma.

Casi como que me alegré cuando hice caminando unas 10 cuadras al sol de la primera tarde, atravesando Catalinas y yendo hacia Retiro para tomar el tren de vuelta a mi casa. Aquí puedo poner algo de música, picotear algo de la torta que me quedó de ayer cuando vinieron mis hijos, mirar de vez en cuando el río a través de la ventana, no mucho porque la visión de gente despreocupada tomando clases de tenis mientras yo laburo no me causa mucha gracia, etc...



Pero claro, en el tren línea Tigre, a esa hora, no hay mayoría de profesionales circunspectos y ridículos como yo. Un matrimonio joven, de no más de 25 años se sienta frente a mí con su pequeña nenita, que juega con el celular del padre, dueño de un ringtone odioso con una nenita (otra nenita) cantando en no sé qué idioma. Luego, el tipo manda otro mp3 (su teléfono es más tecno que el mío, lo verifico) esta vez con una actriz que hace voz de nena pero putea a lo loco. La pendejita de no más de 4 años se ríe, la historia cuenta algo como que una chica que trabaja de mucama se "come un bebé todos los años", hace cosas raras con el dueño de casa, y sigue puteando. La nenita se ríe, los padres también. Yo trato de concentrarme en mi libro. No puedo. El tren, obstinadamente, descarta de plano la idea de salir antes de las 15.05 de Retiro, que es su hora pautada. Y el padre de la nena, aparentemente molesto por un par de miradas torvas (no la mía, soy bastante amargo socialmente pero todavía no me da por esas actitudes), apaga el mp3 de la escatológica monologuista, que tiene un acento raro entre paraguayo y boliviano (eso le dice el tipo a su esposa, yo no distingo los acentos).

Otra pareja detrás de mí come un sánguche de milanesa. Yo todavía no almorcé, lo haré en cuanto llegue, pero milanesa, no. Está difícil seguirlo a Scott Fitzgerald y su "Head and Shoulders". Me pongo contento como un imbécil cuando el tren finalmente arranca y todas las conversaciones, toda la vida que estalla a mi alrededor se hunde como en una almohada sónica y el golpeteo de las ruedas sobre los rieles hace homogéneo todo, las expresiones humanas y el zumbido de las máquinas.

De todos modos, el minnesotano Francis perdió la batalla, aterriza en mi mochila, saco los anteojos oscuros y me dispongo a mirar hacia la izquierda las construcciones de 5 pisos de la villa 31. A diferencia de lo que pasa en ese preciso momento dentro de mi cabeza y quizás de mi alma, allí también hay gente que vive, que toma los días de a uno por vez y en ese proceso queda detrás en mi imaginario espejo retrovisor. Uno de los pocos casos donde estar delante en realidad es estar fuera de lugar, es decir, en el lugar más incómodo.

Luego de una tarde relativamente apacible laburando en mi casa, mi amigo F. me llama para saludar. Al fin uno con la vida resuelta, me digo. Siempre admiré a mi amigo F., en parte por eso es mi amigo, un tipo equilibrado, creativo pero sin enloquecer, divorciado hace años pero sin complejo de pendejo rompebombachas, serio pero no solemne, con algunos puntos en común conmigo (si no, no sería mi amigo), pero con ese plus que le da haber madurado antes luego de una infancia no tan fácil emocionalmente. El tipo está arriba de su auto, hablamos de 2 huevadas pero se lo nota nervioso, me consta que habla con manos libres, lo he visto y jamás pondría en riesgo su vida ni la de otros por hacer esas boludeces.

"Estoy yendo a yoga", me dice. Qué bueno. Lo felicito por el control. Los ancianos de nuestra edad, en estas fechas hito que nos han tocado últimamente, intentamos tener nuestro costado zen, aunque no siempre nos sale bien. "Qué control ni tres carajos", me dice. "Salí de Palermo hace 20 minutos, todavía estoy en Belgrano, y tengo que llegar a Villa Urquiza en 5 minutos, a media cuadra de donde se derrumbó el gimnasio hoy."

"Y la putísima madre que lo parió, te llamo más tarde y arreglamos para vernos". Corta.

Uf.

Menos mal que hay tipos normales como yo todavía en esta ciudad.

19 comentarios:

brasil dijo...

Mirá si hay gente normal. Yo soy gerente de un banco. Cuando quieras te doy cursos de supervivencia. Una vida explicando lo inexplicable...

Mary Poppins dijo...

martes 11 am le pido a un cajero automatico "andalú" 100 euritos que no me da.

Entro, explico

Responde chaval haciendome gestos con los brazos y echandose un poco hacia atras

"es que pa' que de, primero habra que esharle , no?

(it cannot be continued)

Vieja Rompebolas dijo...

No podría estar mas de acuerdo con un posteo.
Si hasta yo misma lo debería haber escrito.
La culpa la tenemos los ciudadanos, porque en el 2001 nos perdimos, o desperdiciamos la oportunidad de quemar todos los bancos de una.
Lo único que rescato es que ahora cada vez que me joden por teléfono ofreciéndome algo de sus "magistrales" productos, me puedo dar el gusto de decirles que se los metan en el ojete.
Por otra parte está muy claro que si en esta ciudad, a los controles de alcoholemia y "frula", le agregás un "boludómetro", en una semana limpiamos el 90% del parque automotor.
Si, yo también pasé los cincuenta, y la palabra paciencia hace rato la borré de mi diccionario.
Saludos

Roedor dijo...

brasil, aparte de ramambledo, ahora tengo otra razón para sentir por usted un flujo de solidaridad irrefrenable. Lo acompaño en el sentimiento. Por lo menos digamé que se lleva una tarasca razonable... pero no, no me lo diga, mejor, acá entra gente medio sospechosa, de la que viaja en el tren que va a Tigre a las 3pm.

Mary, deliciosa anécdota, ése es el libretista de todos los chistes de gallegos que conozco, ¿no?

Vieja Rompebolas (todo un eufemismo y un circunloquio el nick...), bienvenida. Sí yo también estoy de acuerdo, y aunque no hubiese dicho su edad, querida, me daba cuenta por el uso del término "frula". Saludos,

Gabriela dijo...

queme todo.. si le falta naSSta avise que le aporto dò pesito.

Darío dijo...

Por suerte al banco voy solo en ocasiones excpecionales. El mayor contacto es con las telefonistas que llaman ofreciendo tarjetas y servicios que prefiero esquivar, aunque igual no se privan de intentar hacerte sentir un estúpido por rechazarlas.
Trabajo en un predio un tanto "aislado" del mundo real, y cuando me tomo días o falto no puedo evitar fascinarme con las calles y la gente haciendo "sus cosas de todos los días"; como cambia el barrio los días de semana y todo eso.

Roedor dijo...

Gabriela, con una sola "s" bastaba, no hace falta aclarar. La nasta está cara, de todos modos, y más hoy, que somos 11... ya la guita no alcanza para nada, doña.

Darío, el "barrio" no tiene esas cosas. Una cuestión que me está enfermando últimamente es salir del barrio. A veces prefiero colgarme en mi casa pese a los/las tenistas de enfrente, pero poder estar con Pat Martino de fondo y poder picotear lo que se me antoje en cualquier momento de la heladera, mientras liquido de manera tranquila las cosas que me dan sustento. Todo el "sistema" que funciona en el centro me está embolando cada vez más: durante mucho tiempo zafé porque aun laburando en relación de dependencia estaba mucho en la calle (casi nada en el centro), y las oficinas de esas empresas estaban en los suburbios. No es el caso ahora, y tener que ir a comprar al chino de la otra cuadra (en el centro) una bandejita de chaw fan mal hecho y recalentado, y para ello hacer una cola de 7 tipos, ya me está haciendo germinar el Michael Douglas interno en "Falling Down" (localmente, "Un día de furia").

En cualquier momento agarro la recortada y empiezo a los cuetazos.

Darío dijo...

Recuerdo cuando laburaba en el centro. Creo que el verano era cuando más lo sufría y odiaba a cada ciudadano que se me cruzaba.

Darío dijo...

Otra cosa; cierto, yo hablé del barrio antes y no del centro. Ese sería otro tema ¿no?, cómo cambia el lugar donde uno vive durante el día, cuando uno no está. Y encima esta bueno!

Juana de Arco la inmolada dijo...

SORTILEGIO DE LA ABUNDANCIA

Mientras lees este mensaje, concéntrate y piensa en todo aquello que deseas. Piensa con fe y da por sentado que ya es una realidad.
Piensa en ese deseo AHORA.!!!

Entonces, repite 3 veces el siguiente sortilegio:

Por el poder de 3 veces 3...
Por aquellos que van y aquellos que vienen...
Por los vivos y los muertos...
Por el poder de los 4 elementos...
A mi alrededor todas las cabezas se giran, abriéndome paso, elimino los obstáculos...
Crece mi fuerza, soy energía, puro es mi pensamiento, atraigo lo que quiero.
El universo me otorga aquello que más deseo....
Reina la abundancia, el amor, la salud y el dinero.
Gracias Padre-Madre, concreto está mi sueño.
¡Danza mi corazón, mi espíritu está contento!

Ahora, re-envía este mensaje para que el sortilegio surta efecto. Este sortilegio es muy poderoso, pero solo verás los resultados si lo reenvías. De romper la cadena, estarás rompiendo su efectividad.
5-10 personas = 3 semanas de buena suerte a partir de hoy.
10-20 personas = 3 meses de buena suerte a partir de hoy.
Los trámites bancarios ya dejarán de ser un problema.

PD. Peor que hacer trámites bancarios es quedarse sin gas y que se le caiga el techo encima como sucedio en el gimnasio de Villa Urquiza, verdad Mr. Roedor?

No se como tomar la última frase, es Ud. judio?

¡ Hasta la próxima apocalipsis!

mujerdeole dijo...

Lo de los bancos es absolutamente así, yo que trabajé algunos años en sucursal y luego en el área de comunicacion los desprecio tanto como vos. Especialmente a los dos con los que trato a diario como clienta el Citibank y el Santander Rio. Convoco a los boqueteros del mundo para todos ellos!
Y la próxima vez no dejes de caer en la tentación del choripan, encima te sentás a contemplar el Palacio Ducó, se me pianta un lagrimón de sólo imaginar la escena...
Aunque en verdad me quedé colgada en el comentario sobre la Villa 31 porque el otro día tomé un taxi que tenía GPS y cuando se acercaba por ahí por la autopista comenzó a decir "estamos ingresando a zona peligrosa, cuidado, cuidado". Increíble.

Besos

Roedor dijo...

Darío, eso del barrio cuando uno no está es un concepto que me intrigaba hasta que hace no demasiado tiempo parte de mi laburo lo hago en mi casa. Yo siempre tenía como nostalgia de saber que el lugar donde vivía (Belgrano) era muy lindo pero yo no lo disfrutaba. Las pocas veces que anduve en horarios "de laburo" por Belgrano siempre me parecía más soleado, más cálido y hasta le perdonaba la mierda de los perros a los dueños irresponsables que la dejaban tirada por ahí.

Juana, cambie de dealer ya mismo, porque el cerebro se le va a quemar dos veces, se le va a quemar...

Mujerdeolé, creo que laburar en uno de esos lugares debe ser como trabajar de agente encubierto infiltrado en las filas del ejército enemigo. Aunque pensándolo bien, en más de un lugar donde laburé, sin ser un banco, me sentí así... Lo del Ducó fue medio loco, porque realmente me pareció imponente. Si bien pasé en auto mil veces por ahí, fue la primera vez que lo hice como peatón, y es más grande de lo que parece. De lo que se desprende que nunca fui a ver un partido en ese estadio. Es de los pocos que no conozco (hasta estuve en el Viejo Gasómetro, imaginesé... y perdone). Lo de los GPS lo sabía, es más, me pasó hace más de una década en algún lugar de Texas, USA. No manejaba yo, iba de invitado y cuando la escuché a la gringa del aparatito hablar en medio de la noche le dije al conductor, "man, rajemos de acá porque no quiero morirme tan lejos de mi casa..." No pasó nada, terminamos comiendo tex mex en un bonito restaurante de Dallas.

brasil dijo...

La cancha de Huracán remodelada soportaría un mundial. Junto con la de Velez son las de mejor visión para el espectador.

Los bancos son una mierda. Puedo opinar con 32 años de experiencia. Por suerte existen lugares paradisíacos para laburar como Estudios Jurídicos, o Contables, o El Gobierno, u otros, donde abundan las buenas gentes de buena voluntad.....

Roedor dijo...

Puede ser, brasil, a mí igual me quedó como una cosa con la cancha de Huracán desde que vi la peli de Campanella. Es como un aire siniestro, ¿no?

Muy linda la ironía laboral, lo que sucede es que cuando laburás en un banco, en mi humilde opinión, sabés desde el minuto cero que estás timando a la gente. A eso me refiero. Posiblemente pase lo mismo si sos del equipo de marketing de Activia y decidís poner como slogan "No a la acumulación", pero eso ya es otra cosa...

brasil dijo...

¡cuando das el ingreso a la licenciatura de márketing sabés que estás timando a la gente!

¿de que habla Roedor?

Dejemoslo así, esto parece el aviso de Telecom pero al revés

Mary Poppins dijo...

que es frula?

Roedor dijo...

No, brasil, me extraña que no agarre la diferencia del matiz. El marketinero a lo sumo exalta características/ventajas de un producto para que el consumidor eventualmente ponga el dinero ahí y no en la competencia. En un banco sos prisionero en principio de la institución. Yo tengo que operar con mi cuenta en el banco A, no en donde quiera yo. Si bien tengo la opción de elegir cualquier otro, la experiencia me indica que en todos te toman de rehén por razones a veces ligeramente divergentes, pero un montón de motivos comunes también.

En suma, ante el ataque marketinero (que descubre necesidades, no las crea, pese a lo que dice la gilada), siempre podés retobarte. No pasa lo mismo con los bancos, porque es el sistema en general que está francamente podrido y es una conspiración maléfica destinada a hacernos todos un poco más infelices.

Mary, sustancia blanca en polvo que no es harina ni azúcar (no, el que sirve para hornear marca Royal no es).

Luigi dijo...

Yo cuando pago los impuestos o hago uso de algún servicio bancario (muy pocas veces, ambas cosas) me siento como operario en una fabrica de balas.

Ok, no somos nosotros los que disparamos o matamos gente, pero ayudamos a sostener el sistema que sí lo hace!

brasil dijo...

No es el lugar. Se dbería hablar café de por medio. Pero ...¿descubre necesidades?...¿no las crea?

Los cuatro que me afanaron a mi "tienen necesidad" de zapatillas de 600 mangos Gola o de un mp4? o de una Blacberry?

¿¿lo decis en serio?? ¿Cual será la proporción de celulares vs. tipos que realmente los necesitan? ¿¿0.001%??

Ese es un buen ejemplo. Hay 40.000.000.- de celulares en este pais. Considerando los bebes y los indigentes: ¿cual es la necesidad? Si ni siquiera matemáticamente tiene sentido

Vamos. Yo acepté que los bancos son una mierda. No sostengas lo insostenible