viernes, 28 de diciembre de 2007

Digresiones sobre el piropo

El post de acá abajo me hizo acordar de algo que había prometido y nunca hice.

Lo hago ahora.

Hace mucho cité una canción de Jaime Roos relacionada con la nieve. Al poco tiempo nevó en Buenos Aires. Espero que mentando esta historia aparezcan por arte de magia los churros y las bolas de fraile en mi barrio.

Otra frase rescatable en la canción citada reza, (y es posible que no haya sido escrita por el mismo Roos, mucho mejor músico que letrista):

Lo más lejos que hay…
…es el fondo del mar

Lo más cerca que hay…
Es…
… la panadería




Roos titubea cuando canta las tres últimas palabras, efecto que intento reproducir torpemente con dos jueguitos de puntos suspensivos.

Pero cuando escuché esa parte de la canción no pude menos que soltar la carcajada.

Explicando el chiste: en una típica calle urbana rioplatense, el tipo medio apoyado en la pared tratando de piropear a la fémina que pasa, quiere presumir de profundo y el romántico… mira alrededor buscando inspiración, y cita lo que encuentra más a mano.

Cómo se puede ser poeta, ser gracioso, ser conciso, ser efectivo, ser básicamente genial, sólo con un puñado de palabras puestas en música, y con un fraseo y entonación determinada.

La famosa economía de recursos, que le dicen. Los Beatles ganaron justificadamente fortunas con estas cosas. Roos tiene un poco menos de dinero que ellos (aunque bastante influencia) pero igualmente la sabe.

Alguna vez alguien va a tomar en serio a la música rioplatense de raíz no tanguera, pese a los andreses ciros, los pelados corderas y otros mediocres que andan por ahí.

Deep Shit

Ni el asesinato de Bhutto. Ni la crisis de los rehenes en la selva colombiana. Ni la valija de Antonini Wilson. Ni el fantasma de la inflación. Ni el incremento obsceno del impuesto ABL en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

La realidad es que en la mayor parte de las panaderías de los barrios de Belgrano y Núñez (o sea, el 95% del universo que vale la pena), hay desabastecimiento de los productos que provee una empresa cuyo nombre evoca a algunos cuerpos celestes oriundos de una provincia española.
Dicen que "se tomaron vacaciones". Yo no les creo. Acá hay una mano negra.

Estoy en serios problemas.

Décadas gambeteando la terapia y mirá vos qué motivo me encuentro a mi edad...

miércoles, 26 de diciembre de 2007

Things I miss (but I don't actually miss)

- Los patinando, cantando y bailando
- Las tiras “inteligentes” de la TV como en su momento fue Montecristo y la que dan ahora, hoy mismo, o mañana
- Los celulares que también pueden hacerte un peceto a la mostaza
- Los celulares que sirven para otra cosa que no sea hablar por fono, en resumen
- iPods, iPhones y otros gadgets existentes y por venir
- Las pelis remodernas del cine argentino que te duermen a los 15 minutos
- Los tanques hollywoodenses (o sea, a este no le viene bien una)
- Las extravagancias que dan en el Malba (se verifica lo anterior)
- El Malba
- Los libros de no ficción que venden de a decenas de miles
- Los restaurantes de Palermo Hollywood que requieren que uno dé vueltas con el auto por media hora antes de arrojarlo en una esquina mal estacionado
- Las mujeres hípertetonas, naturales o siliconadas
- Capusotto y todo ese humor trucho reciclado que comenzó con el insoportable gordo Casero
- Los Simpson (esta ya la dije hace un tiempo)
- “Lost”, “Prison break” y toda esa sarta de series pelotudas con “intriga”
- Los happy hour en los shoppings y en los bares seudo irlandeses


Me consta que se puede vivir con un par de discos de los Beatles, Steely Dan y un par más, una cancha de parquet donde jugar al básquet, una piel tierna que acariciar y que acaricie, y por ahí, si me apuran, un bourbon Wild Turkey con uno’ manise’.

No mucho más.

Una que no sabemos todos (pero deberíamos)

Con perdón de Julito, a quien no le gustan estas cosas facilongasl.. es fin de año, che.

Pero estoy seguro de que esta me la perdona.

Enjoy.

miércoles, 19 de diciembre de 2007

La diferencia entre tomar y beber

- A mí me gusta extrañarte, dijo Él.

Ella lo miró de reojo, enarcando la ceja derecha. Le quedaba tan bien. Él se mordió el labio inferior conteniendo un impulso adicional de deseo.

En ese momento de alivio post-agitación donde no hay cigarrillo por mutua elección saludable pero que es reemplazado por igualmente adictivas caricias, Él sintió que tenía que explicar lo inexplicable.

Se puso a recordar su infancia, cuando su madre, hija sufrida de inmigrantes, siempre le citaba las palabras de su abuelo (que en realidad era más argentino que el churrasco vuelta y vuelta): “De lo bueno, poco”. Esa frase siempre le había sonado como conformista, como que la zambullida en pleno goce era un placer vedado, sólo admitido en vaya a saber a qué élite social, económica o lo que fuere.

Ahora, a la distancia, no sólo la entendió sino que la hizo suya.

In other words, el sentido común (que a veces tiene sentido, lo cual no es común) indica que la mejor manera de disfrutar de, por ejemplo, unas ricas cerezas sumergidas en hielo no es precisamente deglutir un par de kilos en menos de media hora.

Él pensó lo mismo sobre Ella, pero evitó mencionarle que la estaba comparando con una vulgar fruta, por deliciosa que esta fuese.

- A mí me gusta ocasionalmente desearte a la distancia, empezó su explicación Él. Saber, ser perfectamente conciente de que a diferencia de lo que hago en este preciso instante, no tengo mis manos alrededor de tus pechos redonditos. Juntar fuerzas y ganas para eso. Eso.

Eso.

Ella le tapó la boca con un beso. Él espera, desea, hace votos para que ambos se beban de a sorbos mutuamente, y no se tomen de un trago.

Porque si se tragan, no se van a tragar. Y eso es intragable.






lunes, 10 de diciembre de 2007

Everything is beautiful

El sábado fui a ver en NoAvestruz a la banda cuya frontwoman es esta bonita mujer de bonita voz.


Un poco de otoño entre tanto calor no viene mal.

There's comfort in melancholy, como decía la Joni, y no se equivocaba.

Everything is truch

Saliendo del letargo, dedicado a julito

Un equipo de un suburbio del Sur que conoció mejores épocas (quizás menos el equipo que el suburbio), sale campeón del torneo de fútbol local, uno de los más flojos de las últimos años, que ya eran flojos.

Otro equipo de otro suburbio del Sur que conoció mejores épocas (el otro equipo y el otro suburbio), sale campeón de un torneo continental... de segunda categoría.

Las cosas que brillan (que brishan), que salen en los diarios, la presidenta híper maquillada con los bracitos regordetes y joyas que valen lo que mi departamento en su totalidad, aparecen en la primera plana de los diarios.

Un grupo de colombianos biempensantes y con mucho dinero que posiblemente sea difícil de explicar (casi toda cantidad obscena de dinero es difícil de explicar, actually), va y protesta para lograr la liberación de su hija, apresada por salvajes guerrilleros cuyo racional de lucha nos escapa a vos y a mí porque es demasiado complejo. ¿Dónde hacen la protesta? ¿En su propio país? No. En la Argentina. ¿Frente a la embajada colombiana? ¿la estadounidense? No, en pleno campo de polo, ¿viste?, donde se juega la final del Abierto. Dos potencias (bananeras) se saludan.
Hoy a las 5.30am el ventanal inmenso de mi departamento (2,5m x 2,5m) vibraba salvajemente por efectos del temporal. Parecía que el vidrio se iba a hacer trizas sobre mi cabeza rompiendo las gruesas cortinas en el camino. Respiré hondo, fui a la cocina, tomé un poco de jugo de naranja, volví a dormir. Dos horas más tarde escucho que hay caos de tránsito, trenes, gastronómico, sojero en todos lados... por un par de ráfagas de viento acompañadas de agua en una de las grandes capitales de América del Sur.

Todo es berreta, hay gente que lo dice y describe mejor que yo, pero en estos días el subdesarrollo, ese que siempre estuvo y siempre estará allí, se nos vino encima, como no se me vino el vidrio de mi departamento. Por ahora, al menos por ahora.

viernes, 30 de noviembre de 2007

Costumbres argentinas

Esta es una buena canción.

A veces lo olvidamos entre tanta actitud barrial y de aguante, o (perpetrada por el mismo homenajeado) tanta rima consonante al pedo, ¿no?

La letra también es buena.

Enjoy.

Muerdo el anzuelo y vuelvo
a empezar de nuevo cada vez.
Tengo en la mano una carta
para jugar el juego cuando quieras.

Caminando, caminándote,
mi calle que quizás yo pueda cambiar.
Esperando, esperándote,
costumbres argentinas de decir no.

El problema es otra vez la situación
cada vez peor del corazón,
yo camino todo y veo
cada vez que quiero y te espero.

Caminando, caminándote,
mi calle que quizás yo pueda cambiar.

Esperando, esperándote,
costumbres argentinas de decir no.

Anabellita strikes again

La vida en una empresa con más intenciones que recursos no es fácil, y Anabella lo expresó de manera brutal.

Poco tuvieron que ver esta vez sus amores contrariados o desencontrados o devaluados, sino la propia realidad en forma de útil herramienta.

- Entonces, Anabella, ¿cómo te figurás que es tu trabajo?
- ...
- Sí, ponele una imagen, dijo el sádico capacitador.
- ... Mmmm... un martillo, dijo Anabella, pronunciando la primera sílaba normalmente y la última casi inaudible.

Gestos de escozor entre los presentes.

El tipo no se iba a dar por vencido. Cuando tiene la oportunidad de ser protagonista, poco importa la sensibilidad de una bailarina indefensa.

- ¿Qué hace un martillo?
- Golpea.
- ¿Dónde?
- (hijo de puta, no puedo creer lo que me estás haciendo...) ...
- ¿En qué lugar golpea el martillo? Perdón, voy a reformular la pregunta: ¿En qué lugar te golpea, Anabella?

- En la cabeza.

Y comenzó a lagrimear profusamente, sin taparse los ojos, sin emitir un sonido, sin manotear una de las servilletas que sirven para no enchastrarse las manos a causa de las medialunas. Como si hubiese finalizado un strip tease aterrador, como si hubiese arrojado la última pieza de ropa interior en la cara del tipo, como si sólo estuviese vestida con sus delicadas sandalias en sus delicados pies, Anabella paseó la mirada por todos nosotros para terminar fijándola en su interrogador policial.

Hace tres días que Anabella no va a trabajar, presuntamente afectada por una disfonía que ya ese día hizo aun más dramático su testimonio.

Ninguno de nosotros sabe si volveremos a verla.



viernes, 23 de noviembre de 2007

Las apariencias siguen engañando


Anabella promedia los veintipico, morocha argentina con algún ancestro de Europa del Este, no es exactamente linda pero nadie diría que es fea. Sobre todo por los detalles que complementan el conjunto. Ni alta ni baja, peso ideal que no llega a los 50 kg ni ahí, figura moldeada, Anabella es bailarina profesional en sus ratos libres, y está acostumbrada no sólo a trabajar con su cuerpo como herramienta (no, no ESA clase de trabajo), sino que además actúa en público con relativa frecuencia. Es más, a su compañía se le avecina una gira por Oriente y es altamente probable que Anabella no regrese a Buenos Aires, al menos durante un tiempo prolongado, y viva de lo que le gusta, y no del garrón de andar tomando pedidos de clientes gruñones.
Anabella es simpática, cuando te dispara una sonrisa tenés que ponerte anteojos oscuros, es muy amable, tiene un trato delicado, detalles no menores que se complementan con un culo redondito y perfecto, cintura y caderas proporcionadas, busto del diámetro adecuado, hermosas piernas torneadas y una gracia en el andar que no es común ni siquiera en las bailarinas.

Estoy participando en un curso dictado por un capacitador. Somos varios, predominantemente del área comercial, mujeres y hombres, entre ellos vendedores y técnicos de pelo en pecho. En la última sesión se hablaba de las cosas que uno repite sabiendo que no le va a ir bien: la famosa frase de Einstein que dice que es estúpido esperar un resultado distinto si uno hace lo mismo una y otra vez.

Ejemplos de vida, ejemplos de laburo, ejemplos de todo tipo, la famosa experiencia, catarsis en público. Súbitamente, Anabella levanta la mano para “contarnos” su “caso” (cuéntanos, Anabellita).

- A mí me pasa eso, pero no puedo evitarlo: con cada novio que salgo al poco tiempo me doy cuenta de que no nos vamos a llevar bien, de hecho algunos de ellos me tratan mal (psicológicamente hablando, todos suponemos), pero como yo tengo miedo de estar sola, los vuelvo a ver, los sigo tratando, y me sigue yendo mal.

A esta altura, la casi totalidad de los hombres presentes hacen pucheritos, inclinan la cabeza a un lado y al otro, enarcan las cejas, mascullan para sí vaya a saber qué barbaridades y se ofrecen (en sentido figurado, si no van todos presos) a hacerle algunos mimitos a la pobre alma de Anabellita, pero principalmente a los casi canónicos detalles orográficos de su humanidad.

Luego del primer shock, los muchachos se miran entre sí azorados, tratando de imaginar qué clase de bruto primate incivilizado sería capaz de hacer sufrir a tamaño ejemplar hembra alfa beta gamma (todo el alfabeto griego, de hecho), esa gatita dulce que ahora se ha contagiado el puchereo de su audiencia, como buena performer que se mimetiza con su público.

La cosa deviene en una discusión sobre decisiones, actitud, cambiar el ángulo del observador y todas esas paparruchadas y medias verdades que suenan re-corporate y sirven para llenar diapos de Powerpoint.

Y allí queda Anabella pensativa, la que todos creemos que es una gata en celo cuya vida le sonríe en el presente y en el futuro, durmiendo en hoteles de 500 dólares de Beijing y haciendo el amor salvajemente con un equivalente masculino de su condición físico-mental superior.

No es tan así, parece, y los pobres descastados que apenas podemos salir a rebotar penosamente al ritmo de una de la Bersuit en un casamiento nos sentimos un tanto menos miserables, acovachaditos y cómodos en nuestra propia tristeza de no pertenecer a los bellos que a veces, sólo a veces, aunque nos cueste reconocerlo, son malditos, como la pobre Anabella.

Como decía una canción prehistórica: que shore, que shore esá malvada… que bien merecido se lo tiene, loca ‘e mierda.

martes, 20 de noviembre de 2007

Tilingos


Como alguna gente sabe, el último jueves de noviembre se celebra Thanksgiving en los United States of America, fecha que conmemora el contacto "amigable" entre los native Americans y los pilgrims alrededor de 1621, una especie de camaradería dicharachera que luego devino en lo que conocemos (nosotros también de cerca): se los comieron crudos (los peregrinos a los indios, no al revés).

En este país austral y devaluado que patéticamente conmemora el Valentine's Day, Halloween, St. Patrick's Day y todas esas pelotudeces atómicas, no me extrañaría que los cabeza de corcho que nunca faltan, posiblemente pertenecientes a segmentos well-off de la población, gente de los gated neighbourhoods en los suburbs, dispongan algún tipo de versión local, por ahí entreverando alguna bondiolita o morcipán entre la cranberry sauce y el consabido turkey.

Quién te dice. Es cuestión de esperar.

Aclaración: el uso snob y descarado de términos en inglés es absolutamente adrede (nunca falta el pelotudo, ¿vio?).


lunes, 19 de noviembre de 2007

Un buen comienzo

La idea no es muy original, pero vi un post temáticamente similar en lo de yéid y decidí hacer algo por el estilo.

Después de leer el siguiente comienzo, difícil no seguir a ver qué onda, ¿no?

"La nuestra es esencialmente una era trágica, entonces nos rehusamos a tomarla trágicamente. El cataclismo ha ocurrido, estamos entre las ruinas, empezamos a construir pequeños nuevos hábitats, a tener pequeñas nuevas esperanzas. Es un trabajo bastante duro: ahora ya no hay un camino fácil hacia el futuro, pero o evitamos los obstáculos o nos tropezamos con ellos. Tenemos que vivir, no importa cuántos cielos se hayan caído."


Dios existe


Ésos que se ven ahí son mis anteojos favoritos.

Compré un par cuando tenía unos 25 años.

Me acompañaron a todos los viajes y circunstancias desde ese momento, climas fríos, templados, cálidos, viajes por laburo dentro y fuera del país, playas argentinas y foráneas, excursiones familieras, aventuras efímeras (de todo tipo), etc.

No son caros, pero el tipo con la mantita en el piso cerca de la esquina de Cabildo y Sucre no los vende. Ni siquiera imitaciones. Siempre me parecieron especiales y distintos, aunque son bastante standard.

Hasta el otro domingo, cuando estuve buena parte de la tarde hablando amablemente con una dama en un bar cercano a la Redonda, por ahí nomás de donde está el de la mantita.

En algún momento de la interesante charla, y sin que yo lo advirtiese, el estuche se deslizó de uno de los bolsillos de mi campera (hacía un fresquito interesante y la conversación con la dama, y la dama proper, estaba muy buena), y quedó allí tirado, a la buena de Dios.

Recién me percaté de la falta a la mañana siguiente, chequeando accesorios mientras me vestía antes de ir al laburo. Me mordí el labio inferior e insulté interiormente a la dama (o a mi lascivia o a ambas cosas), que había aparecido en mi vida para extraviarme mis preciados Folding Wayfarers, ésos que compré en un free shop hace más de 20 años.

En un último y desencantado intento, manotón de ahogado mental, me acerqué ese lunes mismo a la mañana al lugar, le pregunté al encargado de turno esperando que me conteste que no, que nada que ver, que no había nada, que cuando vuelva el encargado del domingo a la tarde le preguntaba... cuando el tipo mete la mano en un cajón y me pone en el mostrador el preciado sobrecito negro.

¿Tan acostumbrados estamos a las pérdidas? ¿Por qué pensé que no, que nunca más? ¿Por qué el tipo decidió guardarlos y no regalárselos al sobrino o al nieto? ¿Por qué no los tiró a la basura?Después de todo, el estuche, si bien entero, está muy baqueteado pero con sus velcros sanitos, que no se ven desde fuera.

No es un hecho trascendente, como casi todo lo que se escribe por acá, pero me sirvió para ubicarme en tiempo real en una situación, en una circunstancia, donde se da la anti-ley de Murphy, donde es la desolación la que precede al alivio, y no al revés.
Uno de mis juguetes favoritos, entonces, sigue acompañándome cada vez que asomo mi cara al sol porteño.
Está todo bien, aunque si efectivamente los perdía, la dama en cuestión bien valía la pena.
La vale todavía.



Prejuiciando

Siempre me gustó burlarme estúpidamente de los que alguien con mucha más creatividad que yo, bautizó como blogs de minita, plagados de expresiones del tipo "estaba borracha maaeeelll", "no podés", o la clásica, "me puse los stilettos y salí a la cashe a matar".

Otro objeto de menosprecio son los blogs de madddre, donde las bloggers cuentan intrascendencias sobre sus párvulos. Yo tuve, tengo y tendré mi equivalente de tal actitud vergonzante: los posts andan por ahí abajo, tres para más datos.

Sin embargo, hace poco, un blogger vecino anunció que su esposa había inaugurado un espacio y allí fui con mis uñas afiladas, para encontrarme, una vez más como me pasa últimamente, que soy un experto en decir y escribir pelotudeces y, lo que es peor, pensarlas, o sea darles un cariz seudo-racional.

No es que el blog sea brillante, aunque no está nada mal. Ser miembro de esa familia, o al menos conocido, calculo que incrementa el disfrute y los códigos. Pero lo que verifiqué efectivamente es que teniendo en cuenta que, también por prejuicio pero con bastante de fundamento, pienso que el cónyuge de la señora es un tipo que tiene la cabeza para algo más que el pedestre detalle de que no se le caigan las orejas, yo decidí arbitrariamente que no me parecía nada malo el contenido ni nada, sino que estaba bastante bien, concluyendo que ninguna mujer que haya decidido tener un par de hijos con la persona que escribe habitualmente cosas que me gustan puede ser incapaz de distinguir su pie derecho del izquierdo.

En otras palabras, la anécdota es lo de menos, pero lo que vale es que se demuestra una vez más la obviedad sigiuente: muchos adultos tenemos la habilidad de justificar lo (supuestamente) injustificable en base a nuestra propia visión sesgada de los hechos. Es más, tenemos una batería de argumentos que sustentan nuestra aparentemente sólida e inobjetable posición.

Esto, lejos de ser un problema o una limitación, es lo que nos hace la vida más disfrutable a los poco rigurosos cuando los números o las palabras no nos cierran.

And I like it.

Al igual que el blog de esta señora.

Y no estoy siendo ni un ápice de irónico.










sábado, 10 de noviembre de 2007

The one in the middle


Evitando la pose de progenitor baboso que habla de sus críos y cuenta cosas que no le interesan a nadie, esta es la breve crónica del muchacho que falta: el del medio. Veremos si podemos ir de lo particular a lo general.

El tipo está en el tramo casi final de la primaria, y es demasiado chico para su hermano mayor y demasiado grande para el menor. Sabe que pierde por fuerza con el primero, y por compasión con el roedorcito benjamín. Sus dos hermanos tienen personalidades definidas: medio hosco el más grande, expansivo el más chico, tipo que se gana el lugar a las patadas.

El del medio, no: como todo intermediario, sabe acomodarse para un lado y para el otro, según convenga a la circunstancia. Lo que sus hermanos tienen de extremistas, él lo tiene de negociador. El tipo es un muchacho popular en la escuela, como se acostumbra decir ahora en épocas de comedias musicales pelotudas. No está para comerciales de shampoo que incluyen niños rubios, pero la realidad es que a su fotolog entran todas las minitas de su grado, y le escriben cosas como ídolo, dioso, y esas pavadas. Todas se sacan fotos con él. Juega al fútbol en el equipo: no es el mejor, pero está ahí, es uno de los once, y no el gordito que mira desde fuera. De vez en cuando resbala en una evaluación, pero enseguida se recupera. No está para el cuadro de honor, pero jamás ha tenido problemas serios.

Su principal arma es la cosa casual, el comentario irónico mezcla de ingenuidad e ironía, esa cosa que enternece a las minitas y a veces irrita a quienes ejercen autoridad sobre él (incluyendo a su padre, por supuesto): no se sabe cuál será su reacción porque siempre te está midiendo y viendo hasta dónde puede tirar de la soga o no. Ese o no es el que (me) pone nervioso.

Dejando de lado el caso particular, ese tipo de personalidad a mí siempre me pareció una desgracia, pero compruebo que es la que lo lleva por la vida en un camino que tiene más flores que piedras puntiagudas. Debería coincidir con mi teoría de los grises expuesta en otro momento, pero la realidad es que el que está en el medio sigue adelante con una sonrisa y disfruta de lo mejor de los dos mundos.

Posiblemente todos estemos en busca de lo absoluto, de la verdad revelada o de la pelotudez cúbica, pero en una de ésas la gracia está allí, donde el tipo del medio se mueve a sus anchas y se ríe de nuestras rigideces.

Las cosas que hay que ver...


Mi amigo P. es separado reciente (pero por segunda vez de la misma mina). Fortysomething, profesional independiente, no luce mal, un tanto viajado quizás, pero tiene todos sus pelos en la cabeza y la inmensa mayoría de los caramelos en el frasco.

Tiene debilidad por los sitios de encuentros, por llamarlos de un modo cursi. Cuando todavía era un hombre casado, consiguió más de un huesito que roer mientras ganaba tiempo (y coraje) para saltar al vacío por segunda vez.

- Man, las minas están locas.

- Decime algo que no sepa, fue mi pedestre respuesta.

- Ayer vi el perfil de una mina separada como yo, con hijos como yo, con ganas de salir adelante como yo, mil coincidencias, buscando el mega-amor de su vida.

- 'Tons?

- Como no quiero parecer un tipo tan formal, y no es mi estilo el "pasá pa' la pieza", le mandé un par de líneas que contenían la expresión "¿Jugamos un rato?".

- ...

- Me contestó, muy enérgicamente: "Parece que no leíste bien mi descripción ni mi perfil. No estoy para jugar".

- Ajá, ¿y vos le contestaste?

- Sí, de inmediato le mandé un mensaje que decía, escuetamente, "OK, disculpame, entonces quedamos en encontrarnos en la puerta del Registro Civil, ¿dale?"

Mi amigo P. todavía está esperando la respuesta.

Pero los dos nos reímos un buen rato. Y eso no tiene precio.

viernes, 9 de noviembre de 2007

IN FRANCE THEY KISS ON MAIN STREET

She's back.

Esto tiene sus años, pero ELLA está de vuelta y estamos todos contentos.

Enjoy.

jueves, 8 de noviembre de 2007

Movin' target


Todo empieza de manera calma. De manera queda.

Como todas las operaciones sigilosas. La temporada comenzó y los pasos de la presa son sigilosamente seguidos, monitoreados.

Las preparaciones laterales siguen su curso, empezaron hace un tiempo, decisiones que se toman, y nadie sabe nada. Nadie, por supuesto, es la futura presa. Todos los demás no son nadie. De otro modo, la presa no sería la presa.

El mundo se mueve como en un nivel paralelo, donde los diálogos no lo son, las sonrisas sólo lo parecen, y los comentarios casuales son cualquier cosa menos eso, casuales. Todos miden sus movimientos, no sea cosa que, ¿vio?.

En rigor, los que saben la verdad de la milanesa son sólo unos pocos, y su posición ética es dificultosa: un gesto de más, una palabra no dicha, un amague de desdén o falta de preocupación por asuntos ostensiblemente urgentes delatarían el apertrechamiento sordo y echarían por tierra toda la estrategia.

Mientras tanto, la presa sigue mordisqueando el pastito donde tiene oportunidad y hace ver que su situación está lejos de ser la que realmente es. Out of sight, out of mind.

Por supuesto, nada es eterno, y la presa en algún momento levanta la cabeza, olisquea en el aire, mira alrededor con aire nervioso y se percata de que el aparente orden tiene de todo menos eso, orden, y cada vez menos de aparente. Empieza a probar tácticas de comprobación que le digan, que le den una pista, que la autoconvenzan, de que en realidad todo sigue como entonces y el prado es todo de ella. A veces lo verifica, a veces no. Las más, la incertidumbre todo lo invade.

Hasta que un día, el menos esperado, el que tiene más sol, en el mejor paisaje, alguien la llama y le dice:

- Tenemos que decirte algo: a partir de mañana ya no vas a trabajar con nosotros.

Diez minutos después, la presa pasa a mi lado, dice "chau", caminando enérgicamente. Apenas tuve oportunidad de saber cómo se llamaba y que le gustaban las pelis de Almodóvar. Sintiendo casi alivio por el final de la intriga, balbuceo un torpe: "Hasta pronto".

Me clava dos dardos de ojos: "No, hasta nunca".






lunes, 29 de octubre de 2007

A day at the races


Finalmente, tuve mi día como autoridad de mesa en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. La mera expresión me suena grasa, como el vino de mesa contrapuesto al vino fino (término grasa si los hay).

El barrio no era grasa, pero tampoco lo más de la elegancia. Hay lugares mejores y peores en Belgrano, y los pequeños apuntes incluyen:

- La escuela religiosa era inmensa, pero las monjas son unas brujas porque cerraron todos los accesos al patio y todas las ventanas (únicas fuentes de aire relativamente fresco) hasta que los cagué a puteadas a los de seguridad. Las monjas gentilmente accedieron y no morimos de asfixia sino de embole.

- Entre las imágenes de los claustros había una justo frente a mí donde un santo o apóstol o no sé qué estaba “consolando” a un arrepentido o algo así, la cosa es que parecía que el que estaba arrodillado frente a él con su cabeza a la altura media de su cuerpo, le estaba practicando un blowjob. Un horror. Un sacrilegio. Ya mi mente estaba enferma y no habían pasado dos horas desde el comienzo de la votación.

- La impuntualidad es parte del ser nacional. Criado laboralmente en empresas más o menos grandes donde una tardanza de 3 minutos para una cita es merecedora de miradas reprobatorias, yo estuve a las 7am para recibir todo pero los muchachos del correo (a quienes creo les faltaba más de un jugador), llegaron 7.45, y yo tuve que decirles que si además de la urna y 500 sobres también me daban una bolsa llena de boletas, la elección iba a ser más fácil… Por Dió.

- Mis hijos me acercaron vituallas para el almuerzo, mi hermana me preparó un termo de café. El estado piensa que 60 mangos a los premios es suficiente para semejante sesión de tortura. Algunos fiscales muy pro (sí, ésos) tenían un catering que ocultaban vergonzosos ante la mirada rebosante de malaria de los pertenecientes a otros partidos.

- Los conciudadanos y conciudadanas que protestan porque piensan que pese a tener 45’ de demora en recibir las cosas teníamos que abrir igualmente a las 8am, sí, ésos y ésas, que eran unos/as cuantos/as, todos/as me la chupan. De a uno en fondo, por favor, como ayer, como el del cuadro.

- Subconjunto del anterior: viejos penosos que escuchan Radio 10 y se enojan con las autoridades de mesa, olvidándose de que somos sólo instrumentos de un sistema político corrupto, no parte de él. Resulta triste presenciar tanta pifiada conceptual toda junta.

- Muerte a los fiscales itinerantes YA: viejas camanduleras, jubilados perversos que miran culos fláccidos, lúmpenes desocupados con olor a chivo que no tienen un rábano que hacer en sus casas, todos pidiendo a las autoridades de mesa permiso para invadir los cuartos oscuros cada 7 minutos. Los discipliné con entradas masivas cada media hora, pese a las protestas ridículas “yo tengo derecho” y esas pelotudeces.

- Lo del olor a chivo es cierto: cada vez que entraba con ellos en el aula con las boletas, mi Dolce e Gabbana se mezclaba con efluvios dignos de la peor buhardilla húmeda superpoblada (y sí, soy anticuado, uso Dolce e Gabbana, ¿y qué?).

- Queda demostrado que los elegantes votantes pro de Belgrano son más abiertos de mente que la obesa líder de la Coalición Cívica, ya que muchos la votaron a ella para presi pero con los senadores y diputados de Mauri, pese a las objeciones morales que le merecen esos ciudadanos a Miss Carrió. Esa es la explicación bienintencionada. La jodida es que la gente decente se tapó la nariz, puso el voto para la gorda para que no gane esa shegua. No funcionó.

- Es oficial: las minas de Belgrano son mayoritariamente muy feas. Uno de los fiscales de mesa, todo un poeta, dijo: “Esto parece un frigorífico”. Muy fino.

- Un salame me llamó desde dentro del cuarto oscuro (lo violó una monja escondida en un armario, pensé), para decirme que no encontraba al candidato del pro. Técnicamente no había, pero es otra prueba más de que López Murphy no esiste. No le dije nada porque quizás era uno que quería hacerme una cama por intentar inducirle el voto. Se quedó media hora y se fue. No sé si encontró algo.

- Miss Carrió perdió en su propia provincia, tercera lejos. Para sus coterráneos, su tonalidad cutánea zanahoria y sus miradas fuera de cámara van más con los insoportables porteños que con la gente buena de la selva subtropical. Si a eso le agregamos que es boga y descendiente de un ex juez de la Corte Suprema de la Nación, menos identificación todavía. Lilita: en marketing sos una desgracia, tenés posicionamiento en el medio. Los libros y la realidad dicen que ésa es la peor posición posible. Sin embargo, en mi mesa se llevó a todos por delante, incluyendo a Lavagna, tan con pinta de decente y tan amigo de gente de dudosa reputación.

- Sí, hubo gente que votó al Alberto. Y al juez Cruciani. Un despistado puso una boleta con el nombre de Tarapow en ella.

-Por si hacía falta aclararlo: yo voté la lista completa de la CC, pero la que incluía al diputado con nombre de bajista de grupo hard rock californiano, no a la piba.

- En mi mesa nadie votó a Castells, como corresponde. Pero más de un carapintada asesino que se cargó a más de un inocente tuvo su voto. Es lo que hay. Después de todo, Videla vive por ahí cerca.

- Votó cerca del 80% de la mesa, pero cayeron millones sobre la hora para evitar que los emboquen como al gil que les firmaba el DNI o la libreta.

- Atendí tipos con libretas que eran número 200 mil y pico, todos con bigotito fino en la foto, trajes cruzados y fijador en el pelo. Yo soy 14 palos y algo, mi hijo menor 42. Qué ganas, ¿no?

- Mis dos asistentes eran sendos pendejos y no tanto con cara de qué- garrón-este-domingo-hermano. Uno de ellos hizo intento de fuga a media mañana pero volvió. Los tres nos fuimos extenuados a las 10.45pm, con la sensación de satisfacción que se experimenta cuando a uno le han roto el orto por nada. Para peor, uno de ellos ni se enteró de que no cobrará los pesitos pues el sistema prevé remuneración sólo para el presidente de mesa y un suplente.

- Nadie me lo preguntó, pero si alguien me inquiría “¿Vos sos empleado judicial?”, pensaba partirle la jeta con el escritorio. Igualmente, aunque no soy ni quiero ser judicial, me miraban con cara de conmiseración.

- La Cris (la vi recién hoy en el diario, la tele, Internet, al lado del inodoro, detrás de los cuadros y dentro del freezer) estaba divina con ese vestidito floreadito y la Segolène Royal de florero haciendo juego.

- El rush del cierre llenando papeles al tiempo que las viejas chotas de las fiscales me daban órdenes como si tuviera que preparar un peceto a la mostaza, fue lo peor: escribí no menos de 4 veces las mismas cifras, algún número no cerraba y ante las objeciones de las más “éticas”, estaba internamente entre la risa y el llanto, conteniendo mis ganas de escupirles en la cara cosas como: “¿Y vos todavía creés que con 3 votos en blanco más o menos en esta ciudad se puede cambiar algo?”.

Hoy podría no haber ido a mi laburo, pero de huevón que soy lo hice.

Se sortea el premio al pelotudo. Yo tengo todos los números.

No me agarran más. La próxima me voy a Bagdad, donde todo está más tranquilo.


sábado, 27 de octubre de 2007

Ruiditos

Hace unos años pasaba casi todas mis vacaciones de verano en Brasil. Por cuestiones de laburo, en años más recientes y hasta hace poco, iba bastante seguido a ese país y me quedaba un par de días, usualmente en ciudades grandes.

Una de las cosas que siempre me llamó la atención de Brasil era el ruido a la mañana de obras en construcción vecinas. Los tipos que soldaban, los que cortaban madera o fierros, los martillazos manuales o las ametralladoras de los martillos neumáticos.

Producción. Laburo. Gente moviéndose, país avanzando.

Nuestros vecinos alegres y eximios deportistas siempre me causaron bastante envidia: pasaban y pasan las crisis, pero los tipos siempre se las rebuscan para asomar la cabeza por encima del nivel del lodo (a gente vai levando, como decía la canción).

Cuando volvía a Buenos Aires, hasta no hace mucho, me resultaba deprimente no escuchar esos ruidos, era como estar en un casi cementerio, en un limbo donde todo pasaba asordinadamente, entre otras cosas la vida y el progreso, que inevitablemente estaba del otro lado de la frontera.

En estos días, desde hace un tiempo en realidad, ese mismo ruido se escucha en casi todos los barrios de la ciudad. Es más, mejor no te distraigas porque entra un mono con el fratacho y te aplica un fino en plena jeta.

Claro que, como siempre, las motivaciones son otras: el furor por construir departamentos de 1 y 2 ambientes para alquilar por el supuesto boom inmobiliario es la razón por la que conviene que vayas asegurando el árbol de tu vereda, si es que todavía sos afortunado como para tener uno.

Además de tener los mejores jugadores de fútbol del mundo, en Brasil las obras se hacen para que duren, para que giles como vos y yo gastemos cada vez más guita en sus hoteles, autopistas, restaurantes y todo tipo de cosas que haga que más de un negro lo piense dos veces antes de cortarte los dedos para afanarte un billete de dos pesos. Brasil no es un país perfecto, la desigualdad mantiene alto el nivel de criminalidad, pero en su inmadurez como nación nos lleva larga ventaja en eso de construir futuros un poco más perdurables y un poco menos codiciosos en el corto plazo.

A mí no me hiere el orgullo nacional si Inglaterra nos gana 2-1 en fútbol. Lo que me mata es ver esa mente de tierra arrasada, de langosta que consume todo y después... la nada.

Die Happy

Una conocida marca de ropa deportiva, MUY conocida, se cansó de que sus usuarios gorditos con plata no se identifiquen con megaestrellas ultracompetitivas y decidió bajar al llano.

Su eterna segundona y competidora, que fabrica las zapatillas que yo prefiero para jugar al básquet, ya le había tomado el pelo en una excelente campaña de vía pública reciente, mostrando fotos de atletas extenuados, con leyendas del tipo "¿viste? ahora no podés caminar" y ese tipo de cosas, rematando con "Disfrutá correr".

Los publicitarios y marketineros (dos niveles subhumanos) llamamos a esa apelación "aspiracional": es lo que vos querés ser. Traducción: jamás en la perra vida vas a pegarle como Tiger Woods, pero si usás la remerita de 500 mangos por ahí alguna minita te la cree.

Esa misma marca ahora auspicia una carrera de 10 kilómetros en Buenos Aires, con la consiguiente campaña en vía pública que contiene frases como "dale un susto a tu panza, corré los 10K", o "batí tu record, llegá hasta la línea de largada".

Jaja.

Qué tipos ingeniosos.

Estos inconcientes olvidan que no cualquiera está en condiciones de correr 10 kilómetros sobre el asfalto de esta ciudad. Conozco tipos que corren desde siempre y cuando se preparan para maratones (OK, son 42 kilómetros, no 10) están tres semanas antes entrenando, con pautas y ejercicios rigurosamente programados, sin pasarse una línea ni para atrás ni para adelante. Y aun así terminan destruídos.

Muy lindo todo, espero que pongan unas cuantas ambulancias en el camino. Debería ser un detalle menor, pero estas apelaciones a lo temerario y hasta a lo imposible con el único objeto de vender un par más, un equipo más, ya me tienen los huevos al plato, con perdón de la mesa.

Yo sigo comprando las de la letra R. Por ahí, si las ventas de la otra bajan por mi acto soberano, lo echan al gerente de marketing. No sería mala idea.

domingo, 21 de octubre de 2007

Primer y último post sobre Los Pumas

Nunca me gustó demasiado el rugby; de hecho la mayoría de los jugadores que conozco me resultan un tanto descerebrados (son los que juegan en el club donde juego al básquet). El juego en sí es lindo de ver, sobre todo al nivel del último mundial, pero siempre tuve el prejuicio de que nada que pueda dejar (por pura casualidad) tullido a alguien era un buen deporte para practicar.

En estos días de glorias postergadas y medallas de bronce merecidas, me he vuelto a encontrar con la típica enfermedad argentina, alimentada adrede por los medios: la garra, el corazón, el espíritu, el sacrificio, la dignidad, el coraje, el orgullo, el honor, el aguante, la pasión, los huevos y todas esas virtudes que le atribuyen a los 15 muchachones (y sus suplentes) de la celeste y blanca.

Ok, tengo noticias para Uds.

Entre esas virtudes rara vez (no digo nunca) aparece la razón por la que los Pumas llegaron donde llegaron:

Juegan mejor al rugby que la mayoría de los otros equipos del mundo.

Al igual que con lo que se conoce (entre aficionados al básquet) como la generación dorada, que incluye a Ginóbili, Nocioni, Oberto, Scola, Delfino, Pepe Sánchez y otros, a los Pumas les cabe promordialmente esa eterna e incómoda estadía en la underdog position, como dicen los gringos.

En un país donde vemos a diario que los triunfadores rara vez pueden explicar sus altos ingresos y la silla que ocupan, no extraña que cuando un grupo de personas (en realidad, un equipo, que no es lo mismo) obtiene resultados por encima del standard, la opinión pública y/o los medios afirman que esos logros se basan en razones que usualmente excluyen la habilidad o la superioridad técnica. Esto no quiere decir que entre sus virtudes no se cuenten esos bonitos sustantivos mencionados en italics por ahí arriba.

No. Lo que me molesta sobremanera es ese deporte de subvalorar los méritos y las capacidades, naturales o adquiridas, de una persona o un grupo de personas cuando logra objetivos superiores. Para seguir y finalizar con el ejemplo de los Pumas, su única derrota fue con el campeón, quien además por regla general se dedicó a humillar a quien se le puso enfrente.

En otras palabras, con huevos solamente, lo mejor que podemos obtener es una rica omelette.

Al igual que con la selección nacional de básquet que le ganó no una sino dos veces a una selección de USA de estrellas, al igual que cualquier profesional o técnico o lo que sea que se destaque, los Pumas son un ejemplo de nuestro desprecio por el talento y el profesionalismo, por el enfoque en ser un poco mejores que los demás.



lunes, 15 de octubre de 2007

Honestidad brutal (de bruto, digo)

Esto ya es conocido, pero nadie salió a mostrarse airadamente ofendido, como corresponde a los pequeños burgueses biempensantes como yo, sin ir más lejos.

El slogan de la campaña de Luis Patti (sí, ese mesmito), es:

Votá en Defensa Propia

Yo creo que si quería ser más sincero, no podía.

El costado marketinero no está mal. Se ahorró los honorarios de los publicitarios, me parece.

Sólo a un orangután como él puede ocurrírsele una comunicación tan brillante.

(Explicación de lo obvio, pero coincidirás que escrito queda más escalofriante: la palabra que va en lugar de votá en la frase más conocida o más parecida a ese slogan, es matá).

Sign o' the Times

El roedorcito benjamín está transitando la primera mitad de su escuela primaria en una escuela pública más que decente con multiplicidad de caracteres. En otras palabras: se gana su lugar todos los días, y los niños mimados no tienen demasiada cabida.

El roedorcito benjamín va a una escuelita de fútbol un par de veces por semana a un club donde van unos cuantos chicos ricos que tienen tristeza, como decía el innombrable. El tipo no es un crack, hay unos cuantos que juegan mejor que él, pero está algo arriba de lo que juegan los que tienen la media de su edad, es robusto sin ser gordo, juega físico y le pega bastante fuerte a la pelota.

El partido estaba disputado y un compañero del roedorcito benjamín manda un centro. Van dos a cabecear, el roedorcito benjamín y otro, más abierto. Haciendo un esfuerzo, el roedorcito benjamín logra cabecear y hace sin saberlo y posiblemente sin proponérselo lo que haría un jugador profesional que gana millones: cabecea hacia abajo, para que le pique antes al arquero y lo desoriente. La maniobra sale perfecta: la bola se mete en el arco y roedorcito benjamín sale corriendo a buscar al que tiró el centro y abrazarse.

Mientras festejaban, siente un empujón de atrás y ve a su desaforado compañero, el que corrió junto a él en el centro, que le grita descolocado:

-Esa pelota era para mí, pelotudo...

Roedorcito no se amilana, enarca las cejas, junta los dedos de la mano derecha todos apuntando hacia arriba (mueve la mano en el mismo sentido, arriba-abajo) y responde con libreto aprendido del profe:

- Somos equipo, chabón...

El niño rico que tiene tristeza se va refunfuñando, y el juego sigue.

En la próxima jugada, en defensa, el mismo niño empuja a un compañero de su propio equipo (no al roedorcito), le saca la pelota y sale jugándola él.

El roedorcito benjamín posiblemente sea (eso espero) una persona feliz que disfrute el deporte, pese a que es altamente probable que no se gane la vida con eso.

Al otro lo vamos a ver en las fotos en revistas o en afiches por la calle, en un par de décadas, quizás.

Vergüenza Ajena II

Una más del guaso anterior, el latinoamericano seudoalemán que quiso enseñarle a escribir a Fito Páez.

La cosa es que cuando el tipo apenas llegó de Europa para hacerse cargo de su posición acá, le tiraron un auto muletto de la flota de la empresa, un viejo Ford Falcon que tenía mil historias, re-baqueta, pero que por lo menos andaba por la calle, hasta que le compraran un auto nuevo al tipo.

Yo conocía al tipo que mantenía la flota, un veterano que las sabía todas, pura calle y muy ubicuo. Al día siguiente que cayó este ejemplar luego de haber usado el Falcon el primer día, irrumpió en la oficina de este tipo, llamémosle Pérez, mientras yo charlaba con él, y sin pedir perdón por la interrupción, le espetó:

- Oie, Perecito hermano, allí te dejo las iaves para que le revises un par de cosas.

Y arrojó las llaves en el vidrio del escritorio, que se deslizaron hasta caerse al piso. Perecito ni se movió y allí las dejó, clavándole una mirada feroz.

- ¿Tuvo algún problema?, le mandó Perecito, marcando enfáticamente la diferencia de trato. Él no tuteaba a cualquiera.

- Tuve dos: hazle revisar la caja de cambios porque no entra la cuarta. Y la otra, manda a engrasar el mecanismo de la dirección hidráulica porque está bastante dura, ¿sabes? Io en Europa tenía un BMW modelo (no me acuerdo el modelo), bla bla bla...

Perecito, inmutable, se levantó de su silla, y mientras se encaminaba a la puerta para salir de su oficina, le dijo:

- Le cuento dos cosas: el auto tiene sólo 3 velocidades, y no tiene dirección hidráulica. Ahora, si me permite, tengo cosas que hacer.

Ya en la puerta, Perecito, con media sonrisa en la cara, le sugirió:

- No se olvide las llaves, señor. De las de ese auto no tengo duplicado.

jueves, 27 de septiembre de 2007

Vergüenza ajena I

Hoy empiezo esta serie, de la que no prometo continuidad inmediata sino líricogenital (como corresponde).

Hace unos años yo laburaba en el departamento de Marketing de una conocidísima empresa productora de un conocidísimo producto de consumo masivo. Fácil, ¿eh?. Esta marca esponsoreaba recitales en los mid-90's, y no sólo eso: esponsoreaba a tipos, a artistas, uno de ellos Fito Páez. En esa época pre-Mundial de fulbito de USA (corría 1993), esta marca quería salir con la típica publicidad comercial televisiva tribunera emotiva, de esa que los boludos cantan hasta en el bondi. Una conocida marca de cerveza adoptó la costumbre inmediatamente después, luego de robarle uno de sus ejecutivos de marketing. Y así nos va, pero ése es otro asunto.

La realidad es que en ese momento todo el mundo esperaba que Fito compusiera el himno, que era el working title de la mencionada cancioncita. Yo no estaba directamente involucrado pero en esas épocas locas todos nos metíamos en todo, uno de ellos un típico expat nacido en país bananero sudamericano no limítrofe pero ciudadano de un sofisticado país europeo por gracia de su ascendencia paterna. El tipo, patizambo, petisito y cuerpo moldeado por el gimnasio, era por fuera la vera imagen del exitoso ejecutivo de compañía transnacional, especialmente en el rubro de no haber leído un puto libro en su vida, ni escuchado música decente, etc., cosas que habitualmente vienen en esa presentación de producto. Su caja torácica y bíceps eran prominentes, salvo por el detalle de que para lucir proporcionado tendría que haber medido mínimo 20 cm más. O sea, no sólo era ridículo, sino que lo parecía. Vino acá por 5 años, viviendo a todo culo en casa alquilada ad hoc en elegante suburbio del norte del GBA. En resumen, se creía un verdadero Master of the Universe, como diría Tom Wolfe.



El asunto es que Fito había presentado un demo, medio a regañadientes, de una canción inédita en ese momento, que nadie conocía y que luego iría al disco, casi idéntica al demo, como Mariposa Tecnicolor. Era una versión un poco más cruda que la del disco, me acuerdo que el Negro Colombres metía palazos por todos lados (un monstruo) y no contenía el puentecito que dice "Todos yiran y yiran, todos bajo el sol..., etc. etc.". A mí me gustaba la canción (todavía me gusta) y todos estábamos fascinados por el clima festivo, pese a que la melodía tenía alguna complejidad respecto al standard boludón de los jingles y los cambios de tempo y clima eran algo abruptos.

Como era de esperar, todo el mundo estaba dispuesto a mandarla al comercial como protagonista casi absoluta, así como estaba.

Menos el energúmeno este, por supuesto.

El tipo, cuyo modelo de música sofisticada eran los boleros de Luis Miguel, quiso hablar con Páez en persona, para "sugerirle" algunos cambios y que la canción tuviera más gancho. Por supuesto, Páez no quiso saber nada y lo atendió (como una excepción hacia el cliente que había puesto tarasca y de la grossa), alguien cercano a él, su manager de entonces o uno de sus asistentes, no recuerdo bien.

Resultado: el pitufo este cantándole por el fono para que "mejore" la parte que decía "llevo la voz cantante, llevo la luz del tren" y otras por el estilo, con una melodía que bajara o cambiándole un par de palabras. El resto de nosotros contemplábamos azorados el ultraje, no porque Páez nos pareciera intocable sino porque el sordo inútil este se le pusiera a aconsejarle cómo componer canciones pop a una estrella.

Por esta razón o por otras (Fito todavía tenía restos de reluctant star), no sólo que el proyecto quedó trunco sino que Páez de a poco se fue desvinculando de la relación con la empresa, por ejemplo, no presentándose a cantar un par de canciones en la reunión de ese fin de año de la empresa (mandó un video con saludito, todo peinadito con gel y sentado al pianito).

Siempre tomé ese momento como el ejemplo del desubique total, el no saber absolutamente cuáles pueden ser las consecuencias de actos que uno cree que son correctos, embebido en soberbia o lo que sea, y que son básicamente un desastre. Yo he hecho papelones, y seguramente los haré en el futuro, pero como ése, dificulto.

sábado, 22 de septiembre de 2007

Para el que está arriba



En algunos lugares del vecindario algunos se pusieron un tanto irritables acerca de ciertas creencias.

Para embarrarla un poco más, va videoclip de (qué raro) una de las mejores bandas de la historia pop.

XTC - Dear God - incluido en "Skylarking" (1986), a la sazón uno de los mejores discos de la historia pop también.

La letra, especial para ganar amigos, dice más o menos lo siguiente (traducida por mí)

Querido Dios

Querido Dios, espero hayas recibido la carta, y...
Rezo por que puedas mejorar algo aquí abajo
No me refiero a una buena reducción del precio de la cerveza
Pero toda la gente que hiciste a tu imagen
Míralos muriendo de hambre en la calle
Porque no tienen suficente para comer de Dios


No puedo creer en vos

Querido Dios, perdona que te moleste pero...
Siento que debo ser escuchado fuerte y claro
Todos necesitamos una gran reducción en la cantidad de lágrimas
Y toda la gente que hiciste a tu imagen
Míralos peleando en la calle
Porque no pueden hacer concordar sus opiniones sobre Dios

No puedo creer en vos

¿Vos hiciste la enfermedad y azules los diamantes?
¿Vos hiciste a la humanidad a semejanza de como nosotros te hicimos a vos?
¡Y el diablo también!

Querido Dios, no sé si te diste cuenta, pero...
Tu nombre está en un montón de citas en este libro
Y nosotros los locos humanos lo escribimos, deberías darle una mirada
Y toda la gente que hiciste a tu imagen
Todavía cree que esa basura es verdad
Yo sé que no lo es, y vos también

Querido Dios
No puedo creer
No creo
No voy a creer ni en el paraíso o el infierno
Ni en santos, ni en pecadores, ni tampoco en el diablo
Ni en puertas perladas, ni en la corona de espinas,

Nos estás decepcionando a los humanos,
Las guerras que traés, los chicos que ahogás
Los que se pierden en el mar y nunca son encontrados
Y es lo mismo en todo el mundo
El dolor que veo ayuda a componer

el padre, hijo y espíritu santo
Es sólo el profano engaño de alguien
Y si estás ahí arriba vas a percibir
Que mi corazón está aquí a la vista
Si hay una cosa en la que no creo

Es en vos
Querido Dios

miércoles, 19 de septiembre de 2007

El filósofo se fue de vacaciones, por eso...

… opino yo.

Una de mis frases pelotudas favoritas (tengo unas cuantas), es: “Nada es blanco y negro, tenés toda una gama de grises y además lo que se ve en la tapa de Dark Side of the Moon”.


Los opuestos que se complementan, el equilibrio, todo cháchara, como decía don Vicente Leonides..

E’cir, la realidad nos indica que los absolutos, el te-amo o el te-odio, corto-mano-corto-fierro sólo existen en la mayor parte de las maravillosas sagas hollywoodenses, donde los personajes suelen ser bastante unidireccionales, previsibles, etc.

Ese etcetera incluye, en mi opinión, la llamada coherencia, rigor, como quieras llamarlo, pibe o piba.

El peor canalla puede tener actitudes honorables. La mujer más santa puede ser ocasionalmente una arpía inigualable (de esto también puedo contar más de una historia…).

A veces estamos cómodos en los casilleros, acá va esto, allá va lo otro. La ambigüedad nos mata, pero esto es otro matiz: lo que debe ser, la ética petisita que manejamos diariamente, la de entrecasa; no sé, llamemos a la Dra. Carrió para que también nos hable de La Moral, todo eso, sólo existe en los libros. A ver, evitemos los malos entendidos (que en realidad no son tales, pero ésa es otra historia): no estoy propiciando el viva la pepa generalizado. De hecho, lo propicie o no, va a ocurrir si tiene que ocurrir.

A lo que apunto es que cada vez más me siento con menos derecho a apuntar con el dedito acusador a nadie por presuntas agachadas, no porque me parezcan “mal” (algunas de hecho me parecen pésimas), sino porque el primero que tendría que ligarse el citado buchoneo es ese que está ahí, frente al espejo, mirándome, y que se parece bastante a mí en los momentos más honorables de mi condición humana, y parece otro, Mr. Hyde, el retrato encanutado en el altillo del pillo de Dorian, en las peores circunstancias.

Los dos son yo, puedo subirte al cielo o hacerte conocer el infierno, puedo ser un gentleman británico de pura cepa o uno de los lameculos de Tinelli, y cada puta gradación que se te ocurra en la escala que quieras, pero… soy yo al fin.


¿A vos no te pasa lo mismo? ¿Y a ese o esa que se vislumbra por ahí detrás? Preguntale también…

sábado, 15 de septiembre de 2007

Encore une fois...

Ok, la Detu me apuró porque le dejé pendiente un asunto.

Como soy un hombre de honor, cumplo.

Ahí vamos, a ver cómo sale:

"Cuando saque todos estos clavos de esta cosa voy a construir un estante que va a durar mil años!", dijo Bull, cada hueso temblándole con excitación infantil. "Hey, Sal, ¿te das cuenta de que los estantes que fabrican en estos días se quiebran bajo el peso de pavadas a los seis meses, o en general se rompen? Lo mismo con las casas, lo mismo con la ropa. Estos bastardos inventaron plásticos con los que pueden hacer casas que duren por siempre. Y neumáticos. Los estadounidenses se están matando a sí mismos de a millones todos los años con neumáticos de goma defectuosos que se calientan en el camino y revientan. Podrían fabricar neumáticos que no revienten nunca. Lo mismo con la pasta dental. Hay un tipo de chicle que inventaron y no se lo muestran a nadie, que si lo mascas desde chico nunca vas a tener caries por el resto de tus días. Lo mismo con la ropa. Pueden hacer ropa que dure para siempre. Prefieren hacer ropas baratas para que todo el mundo siga trabajando y marcando tarjeta y organizándose entre ellos en sindicatos sombríos y tropezándose por ahí mientras que el afano a lo grande sigue en Washington y en Moscú". Levantó su pedazo grande madera podrida. "¿Te parece que con esto puedo hacer un estante espléndido?"

En tiempos de efemérides, el extracto anterior es el segundo párrafo de la página 149 del libro que estoy (re) leyendo en estos días, On the Road, por Jack Kerouac (1922-1969), tomado de una muy buena edición hecha ad hoc en 1993 por el Quality Paperback Book Club, que también contiene la sequel, The Dharma Bums, y The Subterraneans, todo en un solo librito. Qué tul.

En estos días se cumplió medio siglo de la edición original de On the Road por Viking Penguin en 1957, y la traducción fue hecha por mí, así que sabrán disculpar las inexactitudes. Siempre es bueno volver al viejo Jack.

Pasamos la bola, entonces, a Luigi, Juan Hundred y Milkus.


viernes, 7 de septiembre de 2007

Old Fashioned MC


Señoooooras y señooooores…

La voz suena estentórea, bien modulada, una pizca más fuerte de lo que un alma adormecida toleraría, el tipo frente a la pantalla manotea rápido el control remoto no sea cosa que se despierten los niños, la vecina lo putee a la mañana siguiente, whatever.

El animador está ahí, bajo las luces del estudio, luciendo un impecable traje oscuro de marca fashion con precio equivalente al salario mensual de no menos de cinco productores, si lo tuviera que pagar, cosa que no hace. Una urraca le hace coros vulgares de vez en cuando.

Señoooooras y señooooores…

Al estilo de los viejos maestros de ceremonia de los circos o espectáculos de varieté, el tipo alto sigue a los gritos, insiste con el latiguillo, ocasionalmente se olvida de las señoooooras (todo un síntoma) y sigue adelante, mientras miles de misóginos aprecian el display de carne de exportación de primera calidad que según la ocasión se sube a un par de patines, se frota contra un caño de metal o a uno de carne de partenaires con los mismos gustos sexuales que ellas, etc.

Señoooooras y señooooores…


No es fácil. A esa altura de la noche hay que recurrir a esas argucias: después de un día de trabajo (si el espectador no está entre el infortunado millón y pico que no lo tiene), no es fácil mantener la atención, aun si la cuarentona venezolana demuestra con datos irrefutables que está mejor que tu sobrinita adolescente.

Señoooooras y señooooores…

Abotagado, cabeceando entre los sopores del alcohol de dudosa calidad de la cena, el tipo frente a la tele en la habitación conyugal soporta los esporádicos codazos de la patrona que con justa razón no tolera tanta arenga a esa hora. Sin embargo, la doña en el fondo se alegra porque el cetáceo que duerme a su lado, al menos esa noche, no se le va a montar encima en medio de la oscuridad luego de correrle de manera descortés el camisón o el pyjama, y ahí, luego de cinco o seis empujones, un par de estertores, hace su descarga y listo, de vuelta a dormir. Sábado por medio, sí. Pero no en día de semana, no, no.

Señoooooras y señooooores…

La mayor parte del país se duerme como el tipo frente a la pantalla, mira y escucha al siniestro muñequito de torta bien vestido que te asesta impiadosamente su impostado entusiasmo. Muchos de ellos piensan que el señor ese que está al lado del conductor, ese que está disfrazado de mujer, tiene muy buenas tetas y le darían con gusto.

Y después se asombran de que las cosas estén como estén.

martes, 4 de septiembre de 2007

Con qué poco se logran tantas cosas...

El truco funciona las más de las veces. Con rigor típicamente argentino y roedoriano, algo más de la mitad, con estadísticas tomadas al azar en el último mes calendario. Digamos 5 ó 6 de cada diez.

El procedimiento es del siguiente modo:

1. Conductor de auto (que vengo a ser yo) se apresta a virar hacia derecha o izquierda.
2. Peatón de género femenino (condición necesaria y excluyente) en la misma dirección pero (usualmente) en sentido contrario, se apresta a cruzar esa calle.
3. Contacto visual mutuo.
4. Actitud expectante de sujeto peatón(a).
5. Acá viene el quid del asunto: conductor, en lugar del típico gesto apremiante con la manito izquierda abierta sugiriendo que apure el paso, mueva las cachas o equivalente, simplemente inclina hacia un lado ligeramente la cabeza y le lanza lo que los ingleses llaman nod, o gesto de asentimiento.
6. La fémina, desacostumbrada a tanta cortesía callejera, en la proporción citada al comienzo devuelve una espléndida sonrisa franca y un pasito apurado, sí, pero con la satisfacción de que alguien notó su presencia, la consideró, la "mimó", tomó conciencia de su lugar en las coordenadas porteñas.
7. Conductor sigue afablemente su trayecto, y no aprovecha para invitarla a unos copetines, porque para conseguir minas tiene otros métodos.
8. Peatona discurre por la geografía urbana, pensando que quizás esta semana utilice otros métodos para escarnecer a mis congéneres.

martes, 28 de agosto de 2007

¿De qué te reís VOS?

El “chiste” circula por la red, y a esta altura ya debe ser viejo.

Reza del siguiente modo, textual y sin tocar una coma:

Se mueren Brad Pitt, Antonio Banderas y Carlos Tevez, llegan a las puertas del cielo y San Pedro les dice:

- En el cielo tenemos solo una norma, que la respetamos a rajatabla: "No se debe pisar a las palomas".

Entran en el cielo y, ¡¡ sorpresa !!, está lleno de palomas por todas partes!!!.
Es casi imposible moverse sin pisar ninguna, y aunque intentan evitarlas,a los pocos días Brad pisa a una por accidente.
Inmediatamente se presenta San Pedro con la mujer más fea que te podés imaginar, y la encadena con unas esposas al pobre chico: "Por haber pisado a una paloma, estás condenado a pasar el resto de la eternidad encadenado a esta mujer horrible".
A la semana siguiente, Antonio Banderas pisa sin querer a otra paloma.
San Pedro, que está atento a todo, aparece velozmente con otra mujer terriblemente fea y los esposa juntos para siempre.
Tevez, viendo la seriedad y gravedad del asunto, pone todo el cuidado del mundo y consigue que los meses vayan transcurriendo sin haber pisado a ninguna paloma.
Sin embargo, y a pesar que nunca pisó a ninguna paloma, un día se le presenta San Pedro con un bombón espectacular digno de las páginas centrales de Playboy... Era una rubia impresionante, alta, tostada por el sol y con unas curvas que no te cuento, hermosísima.
Sin decir una palabra, los encadena juntos y se larga.
Tevez quedó alucinado, y reflexiona en voz alta:
- Me pregunto que habré hecho para que me encadenen con vos
- Yo no sé vos, - dice la chica - pero yo acabo de pisar una puta paloma de mierda...

Jaja.

Qué gracioso. Siempre me pareció algo fuera de lugar el ensañamiento con gente que no responde a los cánones aceptados de la belleza occidental, que es una más entre varias. La mayoría de los criticones, cualquiera fuere su sexo, no pasarían de la qualy en la agencia de modelos más pedorra.

Pero acá hay algo más, y es que Carlitos es negrito. Reconocido, irrenunciable, de barrio netamente villa pero en propiedad horizontal, y hasta negro cumbiero salió. No conforme con ello, se niega a hacerse estética dental y en el cuello, donde se ven todavía marcas de una quemadura grave que tuvo cuando era pequeño y aprendía a jugar al fulbito de espaldas al arco, como juega la gente de avería en lugares donde nadie regala nada.

Un sitio vecino hasta incluye el des-calificativo en su nombre, pero su ingenioso y habitualmente mordaz dueño se cuida de dar señales, quizás no las suficientes, de que está lejos de ser un orangután, que paradójicamente es el tipo de animal con el que a veces se lo compara a Carlitos. Algunos lectores desprevenidos o descerebrados no pueden con su incontinencia racista y profieren exabruptos que también mueven a risa: si viviera Adolfito, la casi totalidad de ellos iría derechito a las cámaras de gas por el mero e incontestable hecho de haber salido al mundo acá y no en Baviera, no importa cuán rubiecitos sean tus padres.

Mientras tanto, Carlitos está en la patria chica de los Gallagher Bros mientras vos y yo leemos esto por acá nomás, cerquita de… ¡Fuerte Apache!.

Adicionalmente, si el tipo quisiera y andá saber si no lo ha hecho ya, puede tener en su habitación o más precisamente, mansión, y sin pagar una mísera pound, a una fila de minas que ni vos ni yo, ni en los sueños más locos, podríamos tener en la vida.

Contame quién es el ridículo.


Sí, se está riendo de vos. Entre otros, del que escribió el "chiste".

jueves, 23 de agosto de 2007

Otra vez las apariencias engañan

El tipo labura conmigo. Lo conozco desde hace poco. Tiene apariencia de garca, mira, pispea, carpetea como tal, viste un tanto anticuado (casi todo garca es anticuado y viceversa), habla con el peor tono porteño, el barrionortense, de hecho vive por allí y tiene una de esas camionetas ni muy caras ni muy truchas que usan preferentemente los garcas. Para colmo, no conforme con su título de formación comercial, el tipo está, ya a sus cuarenta y pico, estudiando abogacía. O sea, garca con ganas. Teniendo ambos formación universitaria + callejera y una carrera laboral más o menos extensa, es como que nos medimos todo el tiempo, desconfiamos el uno del otro, competimos, nos evaluamos mutuamente sin sacar una hoja, sin repetir y sin soplar. La convivencia no es fácil.

Pero ayer ocurrió algo distinto.

Visitando una sucursal de conocida cadena mayorista supermercadista de origen europeo por razones de laburo, él por lo suyo, yo por lo mío (no hacemos exactamente lo mismo), en un momento el tipo se acerca a la rotisería y se pide una porción de guiso de lentejas. Eran las 4 de la tarde, ambos habíamos almorzado juntos y en ese momento nos estábamos tomando un café en el barcito adyacente. Cuando se acerca con la bandejita caliente, poniendo sonrisa canchera, le pregunto si se quedó con hambre en el restaurant. Tras lo cual el tipo me explicó que en realidad eso era para una anciana mendiga que siempre para cerca de su casa, contra la pared de una embajada o por ahí, y que últimamente la había visto y charlado con ella, y había pasado mucho frío y hambre. Temiendo que se muera una de estas frías madrugadas en Buenos Aires el tipo estaba preocupado, por lo cual además del guiso que le iba a dar a la noche (luego de recalentarlo en el microondas de su casa), le compró en el súper, y conmigo de cuerpo presente, una botellita de alcohol para alimentar el calentadorcito que tenía la anciana, unos sobres de sopa rápida y un paquetito de morfi para un gato atorrante que habitualmente estaba con ella.

Cuando me contaba sus experiencias diarias con la anciana y el gato, yo pensaba que posiblemente pese a todo eso fuera un garca, pero mi manera de verlo no iba a ser la misma. La manera de verme a mí, posiblemente, tampoco es la misma.

¿Será posible que uno necesite ver cosas como esta para darse cuenta de cosas que uno no quiere o no puede darse cuenta? No de si uno es un garca o no (todo es posible), ni de tener conciencia de la miseria extrema. No, de replantear algunas maneras de mirar todo, desde lo pequeño hacia lo grande. El mundo no va a lamentar la muerte de esa anciana y de su gato, porque es posible que no vivan mucho más, pero la escasez de tipos que compren guisos de lentejas para otros sí es un serio problema.

lunes, 20 de agosto de 2007

Revelaciones en la noche

Mi hijo mayor es adolescente, toca la guitarra y lidera una banda de thrash metal.

Y sí, peor era que le guste Paulo Coelho, ¿no? La otra noche fui a hacerle el aguante a un suburbio oeste no demasiado alejado pero relativamente peligroso, medio de guardaespalda, medio de fletero, pero en realidad una oportunidad para estar más cerca en estas épocas de alejamientos.

Dejando de lado el costado lamentable de un boliche piojoso sin luces, sin escenario, sin estructura que encima les cobra para que toquen, el concierto no fue de los más brillantes. Yo había ido a otro y sonaron mucho mejor. Escuché más de un par de veces unas canciones que colgaron en internet. No están mal, todos pendejos con las influencias en la solapa pero que suenan como un ensamble bastante ajustado. Mi hijo compone todas y arregla la casi totalidad de las canciones, además de ser la lead guitar. Tocan sus canciones y unos cuantos covers de Anthrax y otros grupos obscenos de nombres impronunciables e ignotos. Además, el tipo estudia música y mueve los dedos un tanto más rápido y más preciso que la media.

Pese a todo, esa noche la química no funcionó. Mientras nos tomábamos una cocacola en una pizzería a la vuelta del sucucho, el pendex me comentaba que estaba un tanto apesadumbrado de ánimo por circunstancias personales, que quizás habían motivado sus desajustes, pero ese sentimiento era ampliamente sobrepasado, al menos por el momento, por la sorpresa: "Vinieron unos chabones a felicitarme después del set, me daban la mano, me dijeron que antes sonábamos bien pero ahora la rompíamos, etc. etc.". Yo le dije que había notado un par de pifies en los solos, alguna entrada fuera de tempo del baterista, un desajuste del bajista, pero que no era gran cosa. Él me enumeró no menos de 10 errores en el corto set de de media hora.

Luego de decirle que quizás estaba exagerando, lo pensé mejor y aproveché para darle una lección de vida digna de un padre que ha vivido: la gente no sabe un carajo de música.

Yo mismo había comprobado mientras tocaban cómo pogueaban los pendejos del público, la mayoría niños de clase media con cara de estudiantes principiantes de arquitectura o de alumnos de colegios privados de Palermo. Tratando de que no se me cayera uno encima del hombro mientras volaba por el aire, me di cuenta de que no escuchaban nada, sólo flasheaban con la Isenbeck de litro en la mano. Ni siquiera fumaban faso, sólo cigarrillos.

Por lo cual la enseñanza textual, fue: niño, ésta es la muestra cabal de porqué pandillas de impresentables como Pier, las Pastillas del Abuelo, Árbol o El Bordo venden discos y llenan estadios. A nadie le importa un carajo cómo suena. Nadie distingue una síncopa de un contrapunto, y ni siquiera saben qué quiere decir una cosa u otra. Yo mismo no sé leer música pero escuchar desde hace tanto tiempo me permite discernir algunas cosas entre el temible tronar de la guitarra Jackson. Da lo mismo, todo es igual, el aguante nos carcome y, en el viaje, nos volvemos un poco más sordos.

Mi hijo ahora incrementó su frecuencia de práctica, porque nada se logra por casualidad.

Algo es algo. Mañana siempre es mejor, decía Spinetta. ¿Será?

viernes, 17 de agosto de 2007

El Contexto lo es todo

El otro día llevé a dos de mis hijos al club donde hacen deporte. Uno toma clases de tenis, otro va a la escuelita de fútbol. Luego de un rato de admirar sus innatas condiciones de las que pocas personas están convencidas además de sus familiares directos, me puse a caminar por ahí, entre ambos sectores, que no están adyacentes.

En el medio hay una cancha de básquet. Como he comentado más de una vez, yo practico con asiduidad este deporte desde pequeño, con un gap importante que finalizó hace unos cuantos años. Para resumir, cualquier actividad con una pelota anaranjada a mí me llama la atención: he mirado partidos viejos, en diferido, liga nacional, universitaria de USA, por supuesto la NBA en directo, torneo del ascenso y hasta las inferiores del club donde practico (estas son las más divertidas porque a casi todos los jovenzuelos los conozco desde que no tenían vello ni en las piernas). Ver la evolución es fascinante. Pensar que alguna vez harán los mismos papelones que yo en un equipo de veteranos, también…
Pero la cosa es que acá en este club (que no es donde yo practico) había una clase de básquet para adultos, que era mixta y que agrupaba a un variopinto rejunte de gente grande de edades entre los 40 y los 70 años. A los 10 segundos me di cuenta de que eran todos principiantes. Verlos botar torpemente la pelota tratando de zigzaguear entre los conitos distribuidos estratégicamente me impresionó. Adoptar poses ridículas para el lanzamiento al cesto (nunca tiro al aro) me produjo escozor. Hacer chistes y patear la bola (sacrilegio) ya me sacó de quicio y me retiré con una mezcla de indignación y vergüenza ajena. Lo que en los pequeños resulta hasta simpático, se había transformado en scary.

Esa gente tenía aspecto de pasarla muy bien en la vida (el club no tiene precisamente precios populares), su ropa deportiva estaba en un estado impecable y era de marcas reconocidas, las “chicas” lucían cortes, peinados y colores sofistiqué de rubia de Barrio Norte. La mayoría de los tipos tenían cara de Chief Financial Officer de ésos que aparecen en las páginas de internet de las megacorporaciones contándote lo bien que dieron los balances del último ejercicio fiscal. Esos peinaditos cancheros con las canas tiradas a un costadito, y toda esa mano. Todos ellos/as, o la gran mayoría, probablemente sean ejemplos a seguir en cuanto a profesionalismo, don de gentes, o aunque sea, falta de escrúpulos en su camino a la cima, a estos efectos no cuenta si se llevan bien con Dios o con el Diablo (o con ambos).

La realidad es que estaban allí, playing the fool. Pero por una causa noble. Alejados de sus escenarios “naturales”, donde sistemáticamente pueden aniquilar personas o empresas, o ser benefactores de la humanidad, o al menos de su comunidad.

Como decía un personaje en una vieja tira de Quino, en Mafalda, “en la playa y en short somos todos iguales”. Acá también eran iguales, aunque se notaba que mucho a ver a Excursionistas no iban ni se parecían a los personajes de Fontanarrosa que futbolean, ni siquiera a los que mi vecino Julito escracha en su blog.

Pero ahí estaban, igualados en la torpeza con los torpes más torpes, yo incluido, que para matizar la espera le daba con la raqueta a la pelotita verde contra el frontón.

De reojo, y como un flash, me pareció ver una sonrisa sarcástica en una de las rubias que estaba en la cancha de básquet.

miércoles, 15 de agosto de 2007

¿El tiempo es dinero?


Hace poco me sorprendí a mí mismo escribiendo en un blog vecino algo como "no pude leer ese texto que linkeaste porque es muy largo pero estoy de acuerdo con vos", o una burrada por el estilo.

Como la tecla enter no tiene entre sus defectos el arrepentimiento, me quedé pensando en cuán pelotudo era. Básicamente porque no tengo obligación de leer todo lo que hay por ahí, sólo lo que me interesa, obviamente, pero si lo hago... lo hago, y me dejo de joder.

Me molesta sobremanera que haya comentaristas de bloggers o gente en general que no lee algo "porque es largo".
Puedo entender que en mi laburo yo pida la información de manera concisa como para tomar una decisión, o la prepare de ese modo para alguien que está por encima, pero no en un blog o una revista o donde sea, ¿no? En una revista de negocios medio pedorra en una época tenían una sección que se llamaba "Cuentos cortos para ejecutivos rápidos". Paaaaaaaaaaa... Mensaje subliminal: sabemos que a vos la literatura te parece una mierda pero fundamentalmente una pérdida de tiempo, por lo cual te vamos a dar una dosis chiquita pero no mucho no sea cosa que te transformes en un vago y nos vengas a pedir que publiquemos en entregas a Proust o uno de ésos.

La lectura en estos lugares es o debería ser puro placer, elección, salto de acá para allá, regocijo en hacer la plancha donde a uno le quede cómodo. No te quejes, mi vida, si algiuen desarrolla una teoría conspirativa en quince páginas o te pone su tesis de posgrado encubierta en un estudio sobre las virtudes terapéuticas del romero. Nadie te está obligando a leerla, anyway.

El tiempo es dinero, pero no en este caso. El tiempo es sólo una canoíta que te permite navegar y poner la manito en el agua, probando y viendo. Pero no seas irrespetuoso/a para con los que intentan meterte de nuevo en lo que alguna vez era común: reflexionar a partir de un texto que tiene algún grado de elaboración. Que después resulte una basura o no es aleatorio, pero lo que no es aleatorio sino notorio es que es muy poco elegante pedir cosas cortitas o resumidas o abreviadas.

Espero haber podido resumir bien la idea.


lunes, 13 de agosto de 2007

Nada es casualidad...

Me quedé en la cama toda la mañana sólo para pasar el tiempo
Algo anda mal aquí
No puede negarse que
Uno de nosotros está cambiando
O quizás simplemente dejamos de intentar

Y es muy tarde, nena,
Ahora es muy tarde
Aunque realmente tratamos de hacerlo
Algo adentro se murió
Y no puedo ocultarlo
Y no puedo fingirlo
No, no, no…

Solía ser tan fácil vivir aquí con vos
Eras suave y delicada
Y yo sabía qué hacer
Ahora luces tan infeliz
Y yo me siento como un tonto

Y es muy tarde, nena,
Ahora es muy tarde
Aunque realmente tratamos de hacerlo
Algo adentro se murió
Y no puedo ocultarlo
Y no puedo fingirlo
No, no, no…

Habrá un momento para vos y para mí
Pero no podemos estar juntos
¿No lo sientes tú también?
No obstante estoy feliz por lo que tuvimos
Y cómo te amé alguna vez

Y es muy tarde, nena,
Ahora es muy tarde
Aunque realmente tratamos de hacerlo
Algo adentro se murió
Y no puedo ocultarlo
Y no puedo fingirlo
No, no, no…

Demasiado tarde, nena, es demasiado tarde
Querida, es demasiado tarde

It's Too Late
Carole King

viernes, 3 de agosto de 2007

Más que una yunta de bueyes

No, no es eso que piensan.

O sí. Traten por un momento de abstraerse de cómo es la vida cotidiana en un medio urbano donde (casi) todo el mundo labura.

Bien, ahora dejen de lado los trabajos manuales y muy pocos otros más.

¿Qué nos queda?

Más o menos esto.

Buena parte de la gente que labura está bastante tiempo por día frente a una terminal de PC. No sé exactamente qué hacen. Dejando de lado los data entry o los empleados de call center (que son unos cuantos), lo que he notado es que mucha gente va y está frente a la PC tipeando. Moviendo el mouse tratando de esquivar la tacita con café que se sirvió recién. Teclean un par de huevadas, miran a la pantalla como un pintor aprecia qué tal le quedó ese brochazo de índigo que le mandó al vestido de la mina que está pintando. Inclinan la cabeza y no es arte. O no parece.

Pareciera por momentos que la casi totalidad de la realidad cabe en una planilla de Excel o una presentación de Powerpoint o una base de datos o un flujo de tareas o algo, no sé, pero algo que está allí dentro. Tipean con la vista borrosa. Algo están por enganchar, o no. Muchas horas por día.

Cuando era chico leí un libro de Howard Fast que se llamaba Freedom Road, Camino de Libertad. El protagonista, Gedeon Jackson o algo así, un negro recién liberado, se las tenía que arreglar. Y un capítulo o sección se llamaba Gedeon Jackson trabaja con sus manos. Hoy casi nadie trabaja con sus manos en esta ciudad, parece. Pero pensándolo bien, también son las manos las que tipean esto que estoy escribiendo, que no es trabajo. Hace muchos años, en el Herald había una tira cómica que se llamaba The Fast Track, donde un computer geek se iba a relajar después de una jornada de 16 horas seguidas de laburo frente a una pantalla. ¿Dónde iba? A un salón de video juegos.

La pantalla es dueña de nuestras vidas. No podemos salirnos de ella. Todo pasa por allí. Inclusive esto. Multitudes de formas humanoides con cara de pantalla caminan como los niños hacia la picadora de carne en la peli de Alan Parker/Roger Waters. Un destino ominoso, sin duda.


martes, 31 de julio de 2007

Llamando a todos los paladines de la libertad...

Nenes y nenas, en realidad orangutanes, salgan de la cueva y/o bajen de la palmera: la banda de "zurdos" encabezada por Mr. & Mrs. K. acaba de aprobar una baja en impuestos a los pobres indigentes que ganan arriba de 4 lucas, y para los que están bien arriba de eso las mejoras son todavía más sustanciales.


¿Se viene el zurdaje? dijo la Chiqui.

Jeje. No me hagan reír, che.

Ya se sabe que no me banco a ese dúo dinámico, pero no veo a nadie rasgándose las vestiduras y acudiendo en masa en manifestación a Plaza de Mayo blandiendo libros de Ludwig von Mises.

En este país no sólo los zurdoides iluminados son ridículos. Hay otros que son mucho más risibles que ellos. Mucho.

Lo que pueden un par de votos más de la clase media, ¿no?

¿Cómo que igual no la van a votar? ¿O acaso al innombrable lo votaron porque era lindo?

viernes, 27 de julio de 2007

Elogio de la partuza descontrolada

Video de una manga de galeses talentosos, el eterno Tom Jones y los irrespetuosos pendejos de Stereophonics.

La canción es del genial Randy Newman, que es mucho más que el gordito de camisa hawaiiana que escribe música para pelis de chicos.

Va la letra, ligeramente modificada respecto de la versión original.

Mama told me not to come

¿Querés whisky con tu agua,
o azúcar en tu té?
¿Qué son estas preguntas locas
que me están haciendo?
Esta es la fiesta más loca que puede haber
Oh, no prendan las luces porque no quiero mirar

Mamá me dijo que no acabe
Mamá me dijo que no acabe
Ella dijo, “Esa no es manera de divertirse, hijo”

Abran la ventana, dejen entrar el aire a esta habitación
Creo que voy a vomitar por el olor de tu perfume
Y ese cigarrillo que estás fumando me va a matar del miedo
Abran la ventana, déjenme recuperar el aliento

Mamá me dijo que no acabe
Mamá me dijo que no acabe
Ella dijo, “Esa no es manera de divertirse, hijo”

La radio está a mil, alguien golpea a la puerta
La miro a mi chica: está desmayada en el piso
He visto tantas cosas que no había visto antes
No sé de qué se trata, pero no quiero ver más

Mamá me dijo que no acabe
Mamá me dijo que no acabe
Ella dijo, “Esa no es manera de divertirse, hijo”

jueves, 26 de julio de 2007

One thing at a time

Hay gente que habla por teléfono.

Otros cantan a voz en cuello una canción.
Otros comen un sánguche y/o bebe una coca.
Otros retan a sus niños mirándolos a los ojos.
Otros se besan con sus parejas, o discuten a los gritos.
Otros miran vidrieras.
Otros cuentan chistes, deleitándose en los detalles y el remate.
Otros (generalmente hombres) admiran las protuberancias mamarias de las minas.
Otros (generalmente mujeres) admiran otras protuberancias en pantalones masculinos.
Otros relojean el diario y hasta se leen un artículo o una historieta enteritos.
Otros fuman muy concentrados o consumen otras sustancias no tan legales.
Otros se sacan los mocos de la nariz y se chupan el dedo (gracias yáeL) o hurgan en otras partes de su humanidad o la humanidad de otra persona.
Otros (usualmente mujeres) se acicalan frente al espejo.
Otros hacen paseos turísticos en su propia ciudad y hasta por su propio barrio.

Todas esas actividades son perfectamente lícitas y hasta edificantes algunas de ellas, pero por favor tengan en cuenta que NO son compatibles con manejar un auto de manera simultánea.

Por lo cual, si Usted está incluido/a en alguno de los mencionados subgrupos y un día de éstos, más que nada por Belgrano y/o Núñez, siente que le mandan la Sinfonía Fantástica de Berlioz en versión bocina o claxon, y adicionalmente le bailan tap dance sobre el capot, bueno ÉSE fui yo.

No digan que no les avisé.

miércoles, 25 de julio de 2007

Los topus rulean

Siempre me pregunté por la fascinación de mis congéneres, léase hombres argentinos, por la putidad.

Desde pequeño siempre me intrigó saber por qué los hombres se ríen y/o disfrutan de ver a actores travestidos en minas, haciéndose los mariolas o jugando roles que pasaban de ambiguos (que es otro tema, ya llegaremos).

La historia de la comedia argentina está llena de comicastros y hasta reales actores cómicos que en algún momento se calzaban los ruleros, el batón, o el abanico y las castañuelas para andar revoleando la cadera por ahí. Los más recientes son los que interpretan La jaula de las locas (originalmente una sátira sobre la hipocresía de determinados prohombres de la sociedad biempensante), o Víctor Victoria, una muy entretenida comedia de enredos, mecanismo de relojería perfecto en su versión fílmica original y hasta híper-ácido para con las poses masculinas estereotipadas.

Hay un actor que por su características físicas nos vendría bárbaro para jugar de ala pivot en el equipo de veteranos de básquet en el club. Sin embargo, ahí anda, con novio oficial y todo y hasta le hicieron fotos en bolas (nunca más apropiado el término) en la Rolling Stone nacional. En el Rosedal los jueces dan marcha atrás (nuevamente el término es certero) porque parece que no pueden resistir ciertos placeres prohibidos. Gente que conozco afirma que está todo bien tener esos gustos, uno es macho igual, total, "si está de espaldas está todo bien" (perdonando la mesa...).

Al mismo tiempo de todo esto, Miguel Bosé (inmortalizado por Joaquín Sabina como una chica Almodóvar junto Carmen Maura y otras) dice en un reportaje hoy por la tele que no entiende por qué a él nunca le fue bien en la Argentina, a diferencia de lo que pasó en el resto de Iberoamérica, donde se cansó de vender discos. Yo te explico, Miguelito: porque los machos argentinos de pelo en pecho (como vos, sin ir más lejos) no nos bancamos no saber para qué equipo jugás, que en la misma peli podés cantar un bolero enfundado en medias de nylon y dos escenas después te la enhebrás a la Victoria Abril colgada de un perchero, con sus tetitas XS asomando por encima del vestido strapless.

Lo que no nos bancamos, Miguelito, es que seas tan como nosotros. Volviendo a Sabina, como el Ibérico Don Juan transformado en Juana la Loca.

Ahora los dejo, che, me voy para el lado de Palermo no sea cosa que aparezca otro juez pedorro que me arruine el programa de las tardecitas.