jueves, 23 de agosto de 2007

Otra vez las apariencias engañan

El tipo labura conmigo. Lo conozco desde hace poco. Tiene apariencia de garca, mira, pispea, carpetea como tal, viste un tanto anticuado (casi todo garca es anticuado y viceversa), habla con el peor tono porteño, el barrionortense, de hecho vive por allí y tiene una de esas camionetas ni muy caras ni muy truchas que usan preferentemente los garcas. Para colmo, no conforme con su título de formación comercial, el tipo está, ya a sus cuarenta y pico, estudiando abogacía. O sea, garca con ganas. Teniendo ambos formación universitaria + callejera y una carrera laboral más o menos extensa, es como que nos medimos todo el tiempo, desconfiamos el uno del otro, competimos, nos evaluamos mutuamente sin sacar una hoja, sin repetir y sin soplar. La convivencia no es fácil.

Pero ayer ocurrió algo distinto.

Visitando una sucursal de conocida cadena mayorista supermercadista de origen europeo por razones de laburo, él por lo suyo, yo por lo mío (no hacemos exactamente lo mismo), en un momento el tipo se acerca a la rotisería y se pide una porción de guiso de lentejas. Eran las 4 de la tarde, ambos habíamos almorzado juntos y en ese momento nos estábamos tomando un café en el barcito adyacente. Cuando se acerca con la bandejita caliente, poniendo sonrisa canchera, le pregunto si se quedó con hambre en el restaurant. Tras lo cual el tipo me explicó que en realidad eso era para una anciana mendiga que siempre para cerca de su casa, contra la pared de una embajada o por ahí, y que últimamente la había visto y charlado con ella, y había pasado mucho frío y hambre. Temiendo que se muera una de estas frías madrugadas en Buenos Aires el tipo estaba preocupado, por lo cual además del guiso que le iba a dar a la noche (luego de recalentarlo en el microondas de su casa), le compró en el súper, y conmigo de cuerpo presente, una botellita de alcohol para alimentar el calentadorcito que tenía la anciana, unos sobres de sopa rápida y un paquetito de morfi para un gato atorrante que habitualmente estaba con ella.

Cuando me contaba sus experiencias diarias con la anciana y el gato, yo pensaba que posiblemente pese a todo eso fuera un garca, pero mi manera de verlo no iba a ser la misma. La manera de verme a mí, posiblemente, tampoco es la misma.

¿Será posible que uno necesite ver cosas como esta para darse cuenta de cosas que uno no quiere o no puede darse cuenta? No de si uno es un garca o no (todo es posible), ni de tener conciencia de la miseria extrema. No, de replantear algunas maneras de mirar todo, desde lo pequeño hacia lo grande. El mundo no va a lamentar la muerte de esa anciana y de su gato, porque es posible que no vivan mucho más, pero la escasez de tipos que compren guisos de lentejas para otros sí es un serio problema.

23 comentarios:

Juan Gonzalez del Solar dijo...

Otra vez: qué bueno.

Hay que tener mucho huevo para aceptar las miserias propias, para animarse a ver que lo que uno ve en el otro no es sino reflejo de lo propio.
De todos modos, estoy seguro de que vos comprarías lentejas y de que él se mandará sus macanas.

El otro nos informa de nosotros.
Abrazo

La condesa sangrienta dijo...

"Las palabras, como las personas, no se muestran tal cual son. No dicen demasiado de sí al primer encuentro. A las palabras, como a las personas, hay que brindarles tiempo para descubrir sus virtudes. O sus miserias."
Cuando posteé esto, mucho no lo conocía Roedor, pero intuía lo que de a poco voy vislumbrando: un buen tipo que sabe ver, que sabe reconocer virtudes y defectos (propios o ajenos) y quien, seguramente, reparte lentejas de alguna otra manera.
Un abrazo.

Bugman dijo...

Tal vez el individuo soborne a su conciencia con unas lentejas. O tal vez sea una buena persona y usted lo haya prejuzgado. Pero qué importa, la anciana va a poder comer.

Stella dijo...

Coincido con Bugman, lo bueno es que la viejita va a poder comer.

Pero creo que el verdadero problema no es que haya poca gente que compre guiso de lentejas para otros. Sino que haya gente que necesite que le compren un guiso de lentejas.
Llegará algún día en que cada uno se pueda comprar el suyo propio?
Ojalá!

Anónimo dijo...

Sos grosso. escribis muy bien. Me gusta.

Minerva dijo...

El tipo no es un garca, Roedor. Tendrá sus defectillos, pero "garca", no creo. Me llegó la historia, eh, mire que me pongo sentimental y ahí sí que se pudre todo.

Faco dijo...

Por supuesto, es necesario. Más allá de las frases hechas sobre los preconceptos (valga la redundancia) y el amor el prójimo y saraza. Las ideas se tienen en perspectiva; para cambiarlas, es necesario cambiar la perspectiva. Me ha pasado escuchar a un pibe, al que yo consideraba un forro, tocar el piano y emocionarme, y me cambió la idea.

Uno siempre tiene más en común de lo que cree con la gente con la que antagoniza. Por algo es.

Estrella dijo...

Esta historia me recordó una experiencia mía, a partir de la cual a prendí a no prejuzgar. Yo iba a un gimnasio y miraba con desconfianza a una rubia, teñida, que pelaba unos equipos de última moda. Durante meses fue para mí "la rubia tarada". La pobre no abría la boca. Cuando un día la abrió, resultó ser, además de una mujer adorable, doctora en Fisica, investigadora, muy capa, inteligente hasta la admiración. Y yo me sentí chiquitita... y tonta.

Luigi dijo...

Excelente Don Roedor; con cara de garca y todo, ese tipo está mas cerca de la realidad que nosotros seguramente.

Darío García dijo...

El tipo lo que va a hacer, más allá de lograr que coma la señora, es regalarle un instante en que ella va a sentirse bien, simplemente, y no es poco. Que sobreviva o no es anecdótico, lo concreto es que un tipo fué y le regaló un buen momento. No es de garca eso.

Lau dijo...

Un familiar cercano una vez vio a un cartonero en la puerta del edificio. Le habló y le dijo que espere..que le iba a traer unas ropas que le podían servir...
Subio al departamento ... Media hora después recordó lo de la ropa y que había dejado plantado al pobre cartonero en la calle..esperando...en el frío.

Lo que vale es la intención?
De terror!!

Saludos! :)

Roedor dijo...

juan, yo trato de hacer mi equivalente en lentejas dando algunas monedas que tengo guardadas ad hoc en mi auto, tal como hacía mi viejo y yo lo criticaba cuando vivía. El tipo posiblemente se mande sus cagadas, como dice Mr. Bug, y compre a sus fantasmas al menos por un ratito. Pero, como sugiere Lau al final, lo que vale NO es la intención sino hacer cosas concretas, por pequeñas que parezcan, es más, por pequeñas que SEAN.

Minerva, lo que intento expresar es que efectivamente NO es un garca. Nadie que haga eso lo es, al menos totalmente. Y tampoco es lo que dice Faco, porque tocar el piano bien no es lo mismo que aportar para que alguien no muera de hambre, pero entiendo la comparación. De todos modos, hay millones de pianistas que son unos hijos de puta y miles de abogados que son buena gente (bueno, tampoco exageremos... Podríamos hacer la gradación que expresaba Maxwell Smart: ¿me creería tres por continente?).

Stella, si no hay abundancia de gente que compre guisos o que arme programas serios que van más allá, nada nos libera de nuestro pequeño aporte.

condesa, soy un experto en reconocer defectos propios, pero un desastre apreciando virtudes ajenas, jaja!

Estrella, la rubia ya hizo su aporte al bienestar de la humanidad sólo por revolear el culito y la colita (del pelo) sobre la cienta. Dejelá, no le pida que piense, che.

Luigi y Darío, sí, el tipo, al menos en ese momento, me bajó de un sopapo a la realidad. Y lo bien que hizo.

La condesa sangrienta dijo...

¿quiere decir que no se había percatado de que soy linda, inteligente, simpática, eficiente, discreta y modesta? pucha...!

Roedor dijo...

No, condesa. Lamentablemente, la única cosa que usted hace brillantemente es la elusiveness, que es jodido de traducir al castellano.

La condesa sangrienta dijo...

pufffffffff tengo una virtud y ni siquiera puedo saber cuál???
No eluda la respuesta sr. Roedor.

Roedor dijo...

Los tilingos dirían "elusividad", pero esa palabra no existe. Es la capacidad y habilidad de ser escurridiza como una lagartija.

(¿Viste? El guaso le dijo lagartija... habráse visto descaro, pfffff).

filo dijo...

Está claro que no es garca, está claro que a veces las apariencias engañan pero cada día que pasa tengo la certeza de que la monedita, el platito sirve pero no funciona,emparcha pero no es sustentable en el tiempo. Y entonces el reclamo a los que tienen que hacer algo no debe faltar, no se queje sino se queja, viejo dicho efectivo para con los problemas burocraticos. Y es un debate diario con mis hijos adolescentes por ej. trabajar en los centros de estudiantes,trabajar en lo partidario, hacer funcionar esta democracia que tanto dolor nos costó conseguir. Y ahí está la clave creo, desde mi lugar intento que algo cambie. Esa mujer tuvo que comer porque ese dia alguien pensó en ella, vale, pero no alcanza. Muy bueno su post roedor.

La condesa sangrienta dijo...

La lagartija es un bichito simpático y no me ofende la comparación ¿acaso eludí alguna pregunta que me haya hecho? No creo porque salvo nombre, dirección, teléfono, nº de documento, edad, cuenta de banco, clave de correo electrónico y recetas de cocina yo cuento todo!

Juan Gonzalez del Solar dijo...

Roedor, estoy muy de acuerdo con la diferencia entre verba y res (no sé si de mis dichos que tengo acá al ladito se vio algo diferente, pero tómelo solo como un error).

Roedor dijo...

juan, todo bien, no había interpretado que estaba "equivocado". ¿Quién soy yo de todos modos?

Filo, querida, ya sé que no alcanza, pero en el escenario más fatalista, entre la nada por parte de los que deben más la monedita, y la monedita sola, me quedo con la monedita. Se puede y se debe tratar de que las cosas cambien, yo también tengo hijos adolescentes y lo que ven en el país es una situación más degradada aun de la que yo veía cuando era pequeño.

Condesa lagartijita, todo eso no me interesa (linda rima). Lo que me intriga es el color de sus ojos. Un par de cosas más también, pero por ahora con esa me conformo.

La condesa sangrienta dijo...

Mis ojos son oscuros ¿qué otro color me calzaría mejor?
Los otros pares de cosas, todavía los tengo de a pares, si eso le preocupa.

Milkus Maximus dijo...

Muy buen post Roedor, e ilustra varias cosas.

Me encantó lo que apuntaba Faco: "Uno siempre tiene más en común de lo que cree con la gente con la que antagoniza". Es muy cierto, y la mayoría de las veces es porque uno desprecia en el otro la cercanía con las propias miserias. Por eso a los soberbios de merda, por ejemplo, nos revienta tanto la gente soberbia.

Y que la gente calme su conciencia con un plato de lentejas ... Quién sabe ... es un juicio demasiado aventurado. Habría que ver más en lo profundo de la persona.
Habemos varios que, durante años, dimos nuestro tiempo y nuestro esfuerzo en tareas de voluntariado, y ahora no nos hacemos el tiempo ni para dar un plato de lentejas ... yo me saco el sombrero ante quien lo haga.

Y después está lo otro: el gran miedo a la implicancia. Es relativamente fácil dar unas monedas (no lo digo por Ud.), pero implicarse, dar una mano, dar del tiempo de uno, acompañar al otro, escucharlo, dialogar, implicarse PERSONALMENTE .... no todo el mundo tiene los huevos de dejar de lado las distancias y acercarse al otro de persona a persona.

Buen post. Lo felicito. Y dígale al garca, de mi parte, que lo felicito también.

Roedor dijo...

El implicarse es casi el centro de todo. Yo "compro" a mi conciencia con unas monedas, puede ser, pero (creo que lo dije antes por ahí), unas monedas es mejor que nada absolutamente.

Quizás uno debería involucrarse más teniendo contacto con gente que está metida hasta los codos con este asunto, a veces da gusto escucharlos, pero son gente que tiene una diferencia con uno: además de hablar, se ponen a hacer. Que no es poca cosa.