miércoles, 4 de julio de 2007

No aprenden (no aprendemos) más...


Yo soy porteño NYC, o sea, nacido y criado y posiblemente hasta me entierren por acá cerca.

Otro dato que sale de un post anterior: no soy pro. Agrego: tampoco K.

Hechas las salvedades, no puedo sino reírme ante la soberbia de algunos de mis coterráneos, borrachines todavía con el landslide de la elección para jefe de gobierno que ganó el ingeniero, el que realmente tiene el título, no el trucho viejito-bonachón-rata- de-alcantarilla, ¿me entiende?

Las urnas todavía estaban armadas, y los elegantes al pedo ya estaban restregándose las manos a ver si en octubre le ponen fin al zurdaje. Pobrecitos.

Creen que con un miserable millón de votos pueden dar vuelta una tendencia.

A ver si nos entendemos: el país no es la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Me parece patético, y lo he visto en más de una oportunidad. Hace siglos que un presidente no es porteño. No recuerdo al último. Es más, hasta el ingeniero bigote que asume en diciembre en la ciudad nació en... ¡Tandil!

A través de los años he visto cómo los números gordos salen de donde después nadie se acuerda: el culo del mundo en el interior del país. La famosa "Argentina profunda" que queda bastante más cerca de las napas freáticas (porque cloacas no hay) que de Puerto Madero.
A todo esto se suma que el candidato es ahora una mujer. Veremos y oiremos las lindezas de siempre que nos muestran cómo somos los argentinos y lo que realmente pensamos acerca de una mujer, capaz o no, pero que puede ser presidente.
Lo que somos es soberbios, creídos, ombligocéntricos: hasta el programa de un notero de luxe tiene la palabra argentinos en el título, y el mono anda de acá para allá en auto... por la ciudad de Buenos Aires.

2 comentarios:

Todos Gronchos dijo...

Tu reflexión me hace reafirmar mi tesis doctoral:

1.- Argentina es a prueba de boludos.

2.- La gente está en cualquiera.

3. Que siga el corso.

Saludos!!!

estejulioesuno dijo...

Tu visión pesimista me deprimió una poca pero es casi todo cierto. La palabra Cambio en los afiches me tiene ligeramente recontrapodrido desde las épocas de la UCR ("Un cambio radical" decían los carteles)
Pero la Cristina está lindaza.