El miedo (y su mamita perversa, la incertidumbre) están en muchos de los aspectos de nuestra vida.
Y eso me da miedo.
Exhibit 1:
La industria del seguro en general está basada en el miedo: vos pagás por la eventualidad de que te ocurra algo. Es algo evidente que la industria en sí existe porque la ocurrencia de siniestros es notoriamente menor a los que contratan el seguro. De otro modo, estarían en bancarrota.
Exhibit 2:
Recuerdo que hace unos años trabajaba en una empresa que vendía productos de muy alta calidad, pero también de muy alto precio. Me niego a llamarlos caros, porque esto implica que la expectativa de performance es superior al valor percibido del precio.
Esta última frase es buena, ¿les gustó?
Entonces, cuando uno trataba de convencer al cliente, uno de los atributos (beneficios se le llama en marketing, es una ventaja competitiva que se traduce en dinero o algo parecido) era el peace of mind.
Peace of mind.
Pajaritos en el aire primaveral.
El tipo se había gastado una pequeña fortuna con la sola, triste, solitaria recompensa de que iba a poder dormir tranquilo. Eso por ahí se justificaba cuando se trataba de alguna obra de envergadura (era un insumo para construir determinadas cosas), donde una falla implicaba casi seguro un accidente y un golpe de imagen serios.
Pero el peace of mind, aunque traducible en dinero si uno se pone quisquilloso, no deja de ser un engaña pichanga, como decía mi abuelita la gallega.
El seguro (y la venta de ese tipo de productos, como la de un artefacto para el hogar que vale el triple que otros similares) trabaja con tu miedo, con el mío, con el de ese señor que tiene peace of mind... después de sacar la chequera del cajón.
Exhibit 3:
Pancho Ibáñez desde la tele te dice que tomes el yogurcito pedorro: los estudios de mercado ya dijeron que eso de andar haciendo el desafío con guita propia era una avivada de aquéllas: ahora te van a regalar botellitas. Me consta. Mis hijos andaban con esa cosa chorreando por las comisuras la última vez que fuimos al Carrefour. Pero lo que viene después es lo irritante:
- Una señorita saludable en el gimnasio "desprecia" la utilidad del brebaje "porque hace vida sana", etc. Acto seguido, una gimnasta le estornuda en la cara. La mina siente miedo...
- Un ama de casa moderna y medio fuertona, con mirada sobradora, dice que sus hijos "no necesitan" porque, entre otras cosas, ella está todo el día con ellos cuidándolos, justo cuando un pendejo agarra el plato de comida del perro o un juguete o ambas cosas que había sido previamente baboseado por el can. El ama de casa siente miedo...
- Un señor con atuendo deportivo, corredor tipo nike elonga y pelotudea al aire libre urbano y se ufana de ser un winner, justo cuando se larga una tormenta de la hostia y estornuda o tose o se caga de frío o todo eso junto. El huevón siente miedo...
Exhibit 4:
Una comedieta en prime time más en la eterna cadena de carnizas, tacheros, plomeros, soderos y otros oficios dignos nos muestra a un par de porteros (jamás encargados) en el proceso de enamorarse. Ambos son entrados en años (quizás uno más que la otra) y en carnes (esto no tiene nada de malo, a ver si Ms. Poppins se me enoja de nuevo...).
A la semana de emisiones hay avisos de gráfica en todos lados estimulando a la gente para que vea el programa porque "ya es parte de tu vida".
Qué triste que debe ser tu vida si una parte son los chistes malos del yerno de Altavista...
Pero la gente lo mira, lo ve y lo comenta, porque siente miedo de no sentirse integrada si al día siguiente en el ámbito que sea no sabe si efectivamente a pirulo le dio positiva la prueba de ADN, metodología que según la tele de los últimos tiempos es tan corriente como ir y tomarse la presión en la farmacia.
Miedo, más miedo de no pertenecer a lo que no queremos o no tenemos necesidad de pertenecer.
Exhibit 5:
Textual porque no está para sacarle ni ponerle una coma, escrito por
la Incondicional. No te enteraste de que te lo afané, pero gracias igual.
A veces me pregunto qué sentirá un pollito mojado. Con las plumitas pesando más de lo habitual por el agua, helado de frío hasta los huesos, con la cabeza embotada y sin saber adonde ir. Terror, soledad, desamparo. Y miedo. Mucho miedo.Y cuando pienso en esto empiezo a envidiar al pollito. La verdad es que tengo miedo todos los días de mi vida. Y no son solo algunas cosas las que me dan miedo, sino todo. Absolutamente todo. Pero a nada le temo tanto como a la incertidumbre. La vida es una gran catarata de miedos. Solo que, paralizarse frente al miedo o poder expresarlo, es un lujo que le está reservado a unos pocos. Y, a diferencia de los pollitos mojados, no es un lujo que –en lo que llevo de vida- haya podido darme.
Exhibit 6:Autoexplicativo. Pero hoy no tengo ganas de traducir.
Que duerman bien.
Si pueden.
(acá vendría audio de Vincent Price al final de la canción Thriller de Michael Jacskon).